El fútbol no tiene memoria. El pasado y la historia rara vez se respetan cuando el árbitro pita y el balón comienza a rodar. Esta máxima se eleva al infinito en torneos cortos como el Mundial de fútbol, como bien refleja que las últimas cinco copas del mundo hayan dado cinco ganadores diferentes. Pero las dificultades para mantenerse en lo más alto han aumentado recientemente, hasta llegar al punto de gestarse una especie de maldición de los campeones cuya próxima víctima podría ser Alemania, sorprendida en el encuentro inicial por México.

Al primer equipo que se llevó por delante fue a la Italia de Lippi en Sudáfrica. El combinado azzurro, que llegaba a la cita como una de las favoritas tras levantar el cetro mundial en 2006, fracasó de forma estrepitosa y se quedó fuera en la fase de grupos. Empató con Paraguay y Nueva Zelanda, para posteriormente sufrir una dolorosa derrota ante Eslovaquia que puso el punto final a su participación. Le ha costado levantarse de hecho, a pesar del paréntesis que supuso la Eurocopa de 2012, donde fue finalista, ya que en el Mundial de fútbol de Brasil en 2014 también fue eliminado a las primeras de cambio (pasaron Costa Rica y Uruguay en su grupo) y para el presente torneo ni siquiera logró clasificarse.

La siguiente víctima fue España. La caída del combinado ibérico fue todavía más dolorosa, ya que venían de un ciclo histórico de ganar dos Eurocopas (2008 y 2012) y el propio Mundial de fútbol de Sudáfrica. Pero Vicente del Bosque no encontró la tecla para renovar una generación que lo había tenido todo y se fue apaleado por la energía de sus rivales. El estreno de la defensa del título fue todavía peor que el de Italia, con un 5-1 ante Holanda que dejó todas las sensaciones de ser el principio del fin. Chile puso el último clavo en el ataúd con un 0-2 en el segundo partido que hizo inútil el triunfo español ante Australia para cerrar la fase de grupos y volver a casa.

Joachim Löw trata ahora de que Alemania pueda escapar de esta reciente maldición. No es que no haya tomado medidas el técnico germano, que precisamente anotando lo sucedido con las últimas campeonas, había tratado de regenerar la manchsaft. El pasado verano, en la Copa Confederaciones, se llevó una selección que se podría calificar de B, para ir acoplando a los nuevos talentos, algo que no le impidió ganar el torneo.

El combinado bávaro todavía está a tiempo de rehacerse, no hay duda, pero lo que está dejando claro este Mundial de fútbol Rusia 2018 es que la condición de favorito es una mera etiqueta y cada victoria habrá que trabajarla. Argentina y Brasil son otros ejemplos de que, salvo contadas excepciones, todas las selecciones que han llegado hasta aquí pueden darle un susto a cualquiera.

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