Cuando los colombianos leyeron la alineación dispuesta por José Pékerman, no creyeron que pudiese haber una noticia peor: James Rodríguez, su gran estrella, convaleciente aún de las molestias musculares que lo atormentan desde hace semanas, no iba a ser titular. Rusia 2018 no tardó en demostrarles que siempre puede suceder algo peor. Por ejemplo: pegarse un tiro en el pie en el debut mundialista para caer de forma inesperada 1-2 ante Japón

El más afamado de los defensas cafeteros, Davinson Sánchez, se empeñó en perder un balón de manera lamentable sin nadie que le cubriese las espaldas. En medio de la histeria de la zaga, a otro Sánchez, Carlos, se le ocurrió tener menos cerebro que una Roca, el apelativo por el que es conocido. El centrocampista estiró su brazo de manera flagrante para cortar el remate japonés a portería. Penalti y expulsión en el minuto 3. 

Por eso de continuar con el esperpento, Kagawa tiró la pena máxima de una forma mínima: floja, rasa, al centro. Al arquero Ospina aquello debió de parecerle tan digno de pena que se la dejó meter al fondo de la red mientras él se hacía un lado. 

Los nipones colaboraron en la cadena de favores al renunciar a la pelota pese a contar con un hombre más. Sus ocasiones de gol, creadas por Inui y Osako, fueron tantas como las que tuvo Radamel Falcao. Colombia siguió atacando como si nada hubiese pasado hasta que Pékerman decidió equilibrar al equipo. A la media hora Barrios sustituyó a Cuadrado y diez minutos después hubo premio. Fue Juan Fernando Quintero, el talentoso jugador de River Plate destinado a suplir a James, quien decidió comprobar cuán obsequiosos eran los Samuráis Azules. Lanzó un libre directo de forma suave, raso, bajo los pies de la barrera. Tanto se sorprendió el portero Kawashima que cuando atrapó la pelota esta ya había cruzado un palmo la línea de gol. Descanso y empate. 

El entrenador de Japón, Akira Nishino, le recordó a sus discípulos en el vestuario que tenían superioridad numérica, así que al regreso al césped el partido fue otro. Los asiáticos quisieron el balón y con eso les bastó para encerrar a Colombia. Ospina, ahora sí, estuvo vivo ante los remates de Inui y mantuvo a su equipo vivo hasta que, ante la emoción colombiana, James entró por Quintero con media hora por jugarse. 

El enganche del Bayern de Múnich tenía todo el oxígeno que le faltaba a sus compañeros, por lo que no pudo cambiar mucho las cosas. Otro talento, el veterano Keisuke Honda, salió por un inocuo Kagawa y amortizó su presencia lanzando un córner perfecto a la cabeza de Osako, el único bulto amigo en una maraña de defensas americanos. El balón salió de un testarazo hacia el poste y a la red. Triunfo oriental a falta de un cuarto de hora. 

Se excitó Colombia, obligada a ir hacia el marco rival pese a su fatiga. Lerma ofreció un gol a James con un taconazo precioso, pero la defensa japonesa salvó el empate y ahí se acabó el relato del encuentro. Pékerman introdujo también a Bacca, pero ya nadie en la vanguardia cafetera volvió a olisquear el balón, guardado con sentido y tranquilidad en una sucesión de pases de la ordenada zaga del archipiélago. 

Si algún consuelo existe para la tricolor es el mal de muchos. Su tropiezo solo es uno de tantos padecidos por las selecciones favoritas en esta primera jornada de Copa del Mundo. Para Japón, que parecía la víctima propiciatoria del Grupo H, el sol naciente asoma un poco más por el horizonte. 

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