No está siendo un gran arranque de Mundial de fútbol 2018 para las selecciones africanas. De las cinco clasificadas para esta fase final, han debutado ya cuatro de ellas y todas han sido derrotadas. A falta de saber lo que hace Senegal en el último día de la primera jornada, el diagnóstico sobre lo que está lastrando ahora mismo a los equipos del continente negro no puede estar más claro: la incapacidad de defender con acierto las jugadas de estrategia.

En una Copa del Mundo en la que casi todos los partidos se están decidiendo por detalles, el balón parado está resultando un arma fundamental. El 50 por ciento de los goles marcados hasta el momento llegan de esta forma, porcentaje que se va al 100 por cien si contamos únicamente los encajados por Egipto, Marruecos, Nigeria y, el caso más reciente, Túnez.

Las Águilas de Cartago completaron un gran encuentro frente a Inglaterra, una de las favoritas de su grupo. Consiguieron equilibrar el marcador después de un inicio arrollador de los británicos y aguantaron con sobriedad el paso de los minutos. Pero ya en el descuento encajaron el segundo gol. Un nuevo tanto que llegaba desde un saque de esquina. Un nuevo tanto que llegaba después de que dos jugadores ingleses remataran sin oposición dentro del área.

Se repetía así la crueldad que sufrió Egipto en el segundo día del Mundial. Mercados por la baja de Salah, los de Cúper consiguieron maniatar sin problemas a Luis Suárez y Cavani. Aunque con problemas y sin apenas amenazar en ataque, parecían tener un punto en el bolsillo para afrontar las dos siguientes jornadas con la esperanza de avanzar. También sobre la bocina se esfumaron los puntos, también desde la estrategia. Esta vez en una falta lateral que José María Giménez aprovechó para darle el triunfo a la celeste.

Ese mismo guión fatídico siguió Marruecos, aunque en su caso sí mereció más ante Irán. De más a menos a lo largo del partido, el combinado norteafricano acabó cayendo en el alargue merced a una falta lateral. Por si la herida no fuera suficiente, en su caso el tanto en contra llegó además en propia puerta, en un intento de despeje fallido.

Y es que el más mínimo error te condena en la élite. Ya lo sabe Nigeria, que como Marruecos mostró un más que acertado trato de balón ante Croacia. Buenas intenciones y amenaza en ataque, pero los mismos problemas que el resto de sus vecinos de continente. Sólo desde la estrategia lograron plasmar su teórica superioridad los Modric, Rakitic y compañía. Pero dos saques de esquina fueron suficientes. El primero para que Etebo desviara a gol un remate de Mandzukic, el segundo para que Troost-Ekong cometiera un claro penalti sobre el delantero croata.

Todavía es pronto para saber si alguna de las selecciones africanas puede aspirar a la etiqueta de equipo revelación y durar en el torneo. Lo que está claro es que ese escenario suena a poco menos que utopía si no solucionan los problemas que ahora mismo se están encontrando en la estrategia.

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