La Copa del Mundo de Rusia 2018 ya ha despedido a la primera selección. Marruecos queda eliminada del torneo a falta de una jornada por disputarse tras perder su segundo encuentro y sin acabar de entender muy bien el por qué. Tanto en el primer partido frente a Irán, como en el jugado contra Portugal, el equipo africano propuso todo el fútbol. Pero quien dispuso fue Cristiano Ronaldo con el tempranero 1-0 que sus otros diez compañeros se encargaron de conservar a duras penas. 

Al poco de comenzar se percibió que Marruecos tenía ideas, varias. Todo buenas intenciones: fútbol combinativo, buen trato de balón para sacarlo jugado desde la defensa, extremos incisivos y laterales profundos… Quizás con más partidos en el Mundial podrían llegar a concretarlas en resultados. Pero a las fases finales hay que venir con el libreto aprendido. Por eso Portugal tiene una sola idea, la de siempre: blindarse y rezarle al buen Cristiano (Ronaldo). Así ganó una Eurocopa y así se fue al descanso con ventaja, sin titubear, sin sentir sonrojo al ver a futbolistas como Moutinho, Joao Mario o Bernardo Silva empequeñecidos por rivales de mucho menor cartel.

A los Leones del Atlas les pasó lo que a sus compañeras continentales: temblaron en un balón parado. En el minuto 4 dejaron a Cristiano, uno de los mejores cabeceadores del planeta, suelto en un córner. El astro (todavía) del Real Madrid remató en plancha a bocajarro y después se lanzó a festejar el gol con su cada vez más alambicada coreografía, tanto que ya hasta da pereza relatarla. Digamos que ahora se ha dejado perilla. Digamos algo más importante: ese tanto era su cuarto gol en este torneo, uno más que en sus tres mundiales anteriores juntos; ese tanto era el número 85 con su selección del que ya es el máximo goleador internacional europeo de siempre, superando a Puskas

Con esa renta, los de Fernando Santos guardaron su inmaculada ropa blanca y dejaron hacer a los magrebíes. Vaya si hicieron. El balón fue africano todo el tiempo, con Ziyech y Amrabat superando a sus pares en banda y el delantero Boutaib peleando con los centrales. Casi todo lo hizo bien Marruecos menos la cosa más importante: el remate. Apenas en dos saques de esquina asustaron a Rui Patricio. Por contra, a los Lusitanos les bastó un instante de pelota, un pase de Cristiano a Guedes para casi sentenciar el partido cuando acababa la primera parte. El portero Munir despejó el remate como si apartase un moscardón de su cara y los de Hervé Renard llegaron con vida a la continuación. 

Eso les dio aliento. Marruecos fue aún mejor y Portugal, por difícil que parezca, fue aún más rácana en la segunda mitad. Esta vez los marroquíes sí dispararon entre los tres palos y exigieron al meta luso hacer una de las paradas del torneo, cuando salvó un testarazo que iba picado al césped sobre la línea de gol. Ninguno de los cambios que introdujo Fernando Santos modificó el partido: su equipo siguió acantonado en el área mientras crecía la incredulidad ante las oportunidades desperdiciadas por su rival. Un último aldabonazo de Benatia ya con el cronómetro llegando a su tope, un tiro a placer en el corazón del área que envió sobre el larguero, sonó a salva de despedida del equipo de Renard. 

Los futbolistas llegados de Rabat rompieron a llorar sobre el césped al darse de cuenta de que su último partido contra España ya no iba a servir de nada. Por contra, Portugal sabe que un empate ante Irán le bastará para entrar en octavos de final representando al Grupo B y al fútbol europeo, del que es campeona. Un fútbol que la contempla con reservas, porque está resultando una muy pobre embajadora en Rusia. 

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