Resultaría difícil echar en falta a una selección que queda eliminada de un Mundial tras dos jornadas, pero esa sensación es la que precisamente queda con lo que acaba de sufrir Perú. Pocos equipos han propuesto tanto como los sudamericanos sin recibir nada a cambio, yéndose a casa el equipo de Gareca tras dejar grandes minutos de fútbol y mucho atrevimiento en un torneo hasta ahora rácano. Le faltó el gol ante Dinamarca y lo mismo contra Francia, en el lado opuesto, que ya está en octavos tras ganar sus dos encuentros sin ningún tipo de excesos.

Tras el irregular arranque ante Australia, Deschamps decidió tirar del pragmatismo que tan buenos resultados le ha dado en los últimos años. Giroud por Dembélé para tener una referencia arriba y Matuidi por Tolisso para añadir kilómetros al centro del campo. De golpe se liberaban así Griezmann, Mbappé y Pogba, que sin continuidad pero a base de destellos fueron suficientes para sacar adelante otro encuentro.

Perú comenzó eléctrica, tratando de imponer el vértigo y con un gran trato de balón, pero siempre muy inocente cuando se acercaba al área. La tuvo Paolo Guerrero, que regresaba a la titularidad para convertirse el héroe, pero se encontró con Lloris. Fue entonces cuando pesó más la calidad. Paul Pogba se sacó de la chistera dos asistencias de gol en 30 segundos. La primera no la pudo rematar Mbappé. La segunda sí la aprovechó Giroud y, aunque su disparo lo rechazó un defensa, el balón suelto lo cazó el joven crack del PSG para abrir el marcador.

El primer tiempo fue de Mbappé, que se convirtió en el goleador francés más joven en un gran torneo. La segunda la ocupó toda Kanté. En tiempo y en espacio. El mediocentro del Chelsea no para de crecer y además de multiplicarse para estar en todas partes a nivel defensivo, puso criterio en cada pelota que tocó para permitir una salida limpia desde la defensa gala.

Lo intentó hasta el final, pero Perú nunca pudo desbordar la muralla que protegía a Lloris. Sólo Aquino dio un susto desde la distancia, pero su fuerte disparo fue repelido por el larguero, como las ilusiones de una selección peruana que llegaba a la cita convencida de poder hacer un buen papel que, al final, no ha pasado de las sensaciones.

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