No son Túnez y Panamá las mayores potencias del fútbol mundial, pero otras selecciones de parecido fuste han hecho sudar sangre hasta la fecha a varias de las favoritas del Mundial de Rusia 2018. Así que no hay que minusvalorar lo que ha hecho Bélgica en sus dos apariciones en el torneo: golear a sus rivales y no conocer todavía lo que es pasar apuros. Si su magnífico rendimiento continuará en situaciones de mayor exigencia es algo que habrá que ver en las eliminatorias hacia las que el equipo europeo avanza firme mientras sube su cotización en las apuestas para el triunfo final. Su 5-2 a los tunecinos parece decir que esta vez el hype es real. 

Los del país llano empiezan los encuentros en quinta marcha. Al igual que en su estreno frente a Panamá, bombardearon el marco rival desde el primer minuto. En aquel partido no habían tenido fortuna, pero en este les bastaron cinco minutos para acertar. Los que tardó Eden Hazard en ser derribado sobre la línea lateral del área y convertir el subsiguiente penalti. La selección africana aún tardaría diez minutos más en sacudirse la agobiante presión de los belgas, que robaban un balón tras otro en campo de Túnez. Cuando lo logró, Romelu Lukaku ya había anotado el segundo gol de la tarde a pase de Dries Mertens

Sobre el ambiente planeaba la impresión de que podíamos vivir una goleada de las que hacen época. Pero Bélgica también tiene alguna carencia, como el nivel de sus centrales que no fueron capaces de despejar la falta lateral que Dylan Bronn cabeceó de forma inapelable cuando aún no se habían apagado los festejos por el tanto de Lukaku. Así que los tunecinos volvieron a entrar en el partido, aprovechando además otro punto débil en el plan de Roberto Martínez: la fragilidad defensiva de su banda izquierda, donde Yannick Carrasco resulta transparente para sus rivales.

El capitán de las Águilas de Cartago, Wahbi Khazri, comenzó a explotar ese hueco y cualquier otra rendija entre los tres centrales, bien asistido por Fahkreddine Ben Youssef y Sassi. Courtouis tuvo que desempolvar los guantes para despejar un remate y varios centros con peligro. Sin embargo, la fortuna no estaba con el equipo del entrenador Nabil Maaloul, obligado a hacer dos cambios en el primer tiempo por sendas lesiones en su zaga: la del goleador Bronn y la del central Syam Ben Youssef. Bélgica no se apiadó. Meunier, autor de dos grandes partidos aunque esté pasando algo desapercibido entre otros nombres de campanillas, ejecutó una maniobra maravillosa para asistir a Lukaku, que marcó sobre el silbato final del primer tiempo. 

La segunda mitad comenzó como la primera, aunque con los papeles invertidos. Eso sí, con idéntico resultado. Y es que Túnez se lanzó desaforadamente contra la meta de los Diablos Rojos, acumulando oportunidades, pero quien marcó fue de nuevo Hazard, al controlar con el pecho un pase largo de Alderweireld y regatear al portero Ben Mustapha para marcar a puerta vacía. 

Con el encuentro decidido y muchos minutos aún por jugarse, el seleccionador de los belgas retiró a Lukaku, convertido ya con sus cuatro tantos en Rusia 2018 en el máximo goleador de su país en una fase final. Hizo después lo propio con Hazard, al que relevó Batshuayi, que falló una oportunidad de gol tras otra de formas inverosímiles. Su persistencia en anotar se convirtió en un relato tragicómico en medio de un partido ya sin historia. Hubo final feliz para el delantero del Borussia Dortmund, que marcó el quinto tanto de su equipo un instante antes de que Khazri recibiese premio a su buen partido con el segundo para Túnez. 

Hace años que el fútbol internacional creía que iba a pronunciar esta frase, pero no ha sido hasta este sábado que lo ha podido decir: Bélgica es (al menos por ahora) el mejor equipo de torneo. 

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