La vida le sonreía a Mohamed Salah con muchos dientes, hasta que Sergio Ramos se cruzó en su camino en la fatídica final de la Champions League. Lo que hasta el momento era una temporada histórica para el delantero egipcio, convertido en el Liverpool en una estrella de alcance mundial, se torció en la misma medida que el tendón del hombro que cedió bajo el peso del central del Real Madrid. Salah lloraba desconsolado por dejar a su equipo tirado en el momento culmen del fútbol europeo y porque sabía que eso le iba a lastrar de cara al Mundial de Rusia 2018, donde Egipto era una de las selecciones que más expectación causaba sólo por la presencia del goleador del pelo rizado. Nada desde entonces ha salido como Salah planeaba, y ahora está cerca de dejar la selección nacional por tiranteces con los responsables de la federación.

O eso dicen varios informes de prensa internacional. Hay dos motivos que se señalan como los principales focos de disensión y que ponen de manifiesto una falta de proporcionalidad entre la dimensión que adquirió Salah y la visión de los dirigentes de Egipto. El primero sucedió hace unos meses, cuando el avión que iba a transportar a la selección a Rusia apareció con un fuselaje publicitario luciendo la imagen de la gran estrella e ídolo nacional, además asociada al patrocinio de una empresa de telecomunicaciones que esponsoriza a la federación egipcia. A Salah no le gustó lo primero (que usaran su cara sin permiso) y menos lo segundo (él es la imagen de una compañía rival).

Pero en Rusia la situación empeoró. Porque supuestamente la federación egipcia obligó a Mohamed Salah a posar públicamente con Ramzán Kadírov, el presidente de Chechenia. La región del Cáucaso tiene un largo historial de conflictos violentos con Rusia y además es de mayoría musulmana. Los controvertidos líderes locales vieron la ocasión de hacerse la foto con Salah, uno de los ídolos musulmanes de escala global. Parece ser que el jugador fue poco menos que despertado de una siesta para posar al lado de Kadírov en Grozny, y luego fue llevado a una recepción oficial para ser nombrado ciudadano honorífico de Chechenia.

Desde la federación egipcia niegan la mayor. Essam Adbel Fattah, directivo del órgano rector del fútbol del país africano, declaró: “Nada de eso es verdad y me pregunto cómo está informando de ello la CNN”. El portavoz de la selección fue aún más elusivo: “Sólo hay que tener en cuenta lo que Salah escriba en su cuenta de Twitter”. El goleador de Egipto y del Liverpool no jugó el primer partido ante Uruguay y no pudo ayudar ante Rusia a pesar de marcar de penalti y demostrar ser el verdadero peligro del equipo de Héctor Cúper. El intrascendente partido contra Arabia Saudí, las dos ya eliminadas, puede tener el único aliciente de que Mo Salah se plantee que sea el último con la camiseta de Egipto.

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