No enamora, pero convence. Uruguay derrotó 3-0 a la selección anfitriona en un duelo entre dos selecciones ya clasificadas para octavos de final y que tenía como aliciente decidir la primera plaza del Grupo A en el Mundial de Rusia 2018. La Celeste se presenta a las rondas eliminatorias con el atractivo de un dolor de muelas: tenaz, penetrante y difícil de domar. El grupo del Profesor Tabárez hizo lo justo y necesario, empezando por mantener su portería a cero en los tres encuentros, credencial suficiente para un equipo que tiene a Luis Suárez y Edinson Cavani cuando mira al frente

Fue el delantero del Barcelona quien clarificó el rumbo del encuentro a los diez minutos. Ejecutó una falta directa rasa desde la línea frontal del área antes de soplar una vez más los cañones de esas pistolas imaginarias que porta. Casi de inmediato replicó Cherysev, la revelación de Rusia en el torneo, pero el portero Muslera se encontró el remate. Cuando el rubio delantero volvió a intervenir, sí que engañó al guardarredes. Lástima que fuese al de su propio equipo. Un tiro lejano de Laxalt rebotó en su pié y se escapó lejos de Akinfeev. Era el minuto 23 y todo el mundo en el Samara Arena ya intuía que aquello no iba a tener remedio para la selección local. 

Por si quedaban dudas de la victoria charrúa, el lateral derecho Smólnikov recibió su segunda tarjeta amarilla en el minuto 36 y, asumida la inferioridad, el seleccionador ruso Cherchesov comenzó a plegar velas. Retiró primero a Cherysev y al descanso se guardó en la caseta a Gazinsky, amonestado, para no tener que lamentar otra baja de cara a los octavos de final. 

El segundo tiempo fue apenas un duelo de despropósitos entre dos arietes muy distintos pero igual de desafortunados. A Rusia habría que agradecerle su disposición de, aun con un jugador menos, buscar el gol. Lo hizo con Dzyuba, tan batallador como torpe a la hora de culminar las acciones generadas por sus compañeros, en especial por un inspirado Smólov, que partía como estrella del equipo y ha acabado relegado a la condición de suplente.

En el otro área, Cavani se peleaba con su propia ansiedad. Empeñado en estrenar su cuenta goleadora en el torneo, se obcecó en cada acción, errando ocasiones impropias de su fama. Otros uruguayos como De Arrascaeta, que casi logra un gol olímpico, o el Cebolla Rodríguez, sí obligaron a Akinfeev a sacar las manoplas. Hasta que ya con el partido expirando, Godín se elevó majestuoso en un saque de esquina y cabeceó a puerta. El rechace del meta, esta vez sí, lo cazó Cavani para el 3-0. Resopló aliviado y trasladó sus preocupaciones a quien sea el rival que le corresponda a su competitiva selección en la primera ronda eliminatoria. 

En el otro partido del Grupo A, Arabia Saudí obtuvo el consuelo de abandonar Rusia 2018 con una victoria. La consiguió en la última jugada, en el minuto 94, desatando el delirio en el banquillo de Juan Antonio Pizzi. Para llegar al 2-1 definitivo anotado por Al-Dawsari, antes hubo que pasar por el tanto de Mo Salah, quién sabe si el último con la selección de Egipto, y el empate de penalti de Al-Faraj. Fue en la segunda pena máxima de los árabes, porque la primera la detuvo Essam El Harady, el jugador más veterano en disputar una Copa del Mundo y que se lleva la alegría de una estampa para el recuerdo. 

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