Cuando se apagaron los focos del brillante gol de Toni Kroos que dio vida a una Alemania más fuera que dentro del Mundial de Rusia 2018, quedó la tristeza de Suecia, que había hecho todo lo posible y un poco más para ganar o al menos empatar el partido. Los jugadores escandinavos se fueron al vestuario, se intentaron sacudir la decepción en la ducha y luego encendieron sus teléfonos, ya camino del autobús al hotel. Fue ahí donde Jimmy Durmaz, veterano centrocampista de 29 años, entendió que la bronca tibia que algún compañero de equipo le dedicó en caliente por hacer una falta que parecía innecesaria sobre Timo Werner en el minuto 94 y que terminaría en el gol de Kroos era apenas una anécdota comparado con lo que se podía leer en las redes sociales.

De repente, el barbudo Durmaz se convertía en el foco de las iras de una parte de la afición sueca, esa que quizás tenga nostalgia de los colaboracionistas con los nazis en otras épocas más oscuras de la ahora vanguardista sociedad nórdica. De alguna manera, esas mentes preclaras enlazaban el origen asirio turco del 46 veces internacional con Suecia con su imprudencia en el duelo ante Alemania, señalándole como culpable de la derrota en el minuto final de partido. Durmaz tuvo que leer cosas como “inmigrante de mierda” y “hombre bomba”, además de amenazas a su familia, después de lo sucedido en el partido de Rusia 2018, algo que uno espera de desequilibrados mentales en Colombia pero pocos imaginaban que pudiera suceder en la moderna Suecia.

La muestra de cero tolerancia en los estamentos del país de Ikea es que antes del entrenamiento de este domingo, el primero tras la dolorosa derrota ante Alemania, todo el grupo de la selección sueca se reunió en un lado del campo ante la prensa que sigue la actualidad del equipo, y el seleccionador Janne Anderson introdujo y explicó la situación al lado de Jimmy Durmaz, dejando claro que la situación era inaceptable y que todos los compañeros estaban del lado del centrocampista del Toulouse. Luego, dio la palabra al propio Durmaz, que leyó un comunicado en su teléfono móvil.

“Soy un futbolista de alto nivel y tengo que aceptar las críticas por lo que hago en el campo. Es parte del trabajo. Pero hay límites y esos límites se rebasaron ayer. Cuando alguien me amenaza, me llama moreno, puto árabe, terrorista, talibán… esos límites se rebasan. Y todavía peor, cuando van a por mi familia y mis hijos y los amenazan… ¿quién coño es capaz de eso? Soy sueco y estoy orgulloso de representar a la selección nacional, lo máximo que puedes hacer como futbolista. Nunca dejaré que unos racistas destruyan mi orgullo”, dijo Jimmy Durmaz, antes de acabar con un “Fuck racism” coreado por el resto de sus compañeros.

La historia moderna de la selección de Suecia está marcada de manera decisiva por hijos de la inmigración. Henrik Larsson, Martin Dahlin, Thomas Ravelli y, por supuesto, Zlatan Ibrahimovic, son nombres claves en la mejor etapa histórica del fútbol del país. En el partido que provocó las duras críticas de unos racistas a Durmaz, fue casi tan decisiva la torpeza de John Guidetti en un par de acciones previas. El delantero tiene origen italiano por parte paterna. Sólo que es alto, rubio y muy sueco en su apariencia. Pequeñas diferencias. 

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