España, una de las favoritas al título, cayó ante la selección anfitriona del Mundial de Rusia 2018 víctima de su propia vanidad. Hace tiempo que el equipo español cree que su reflejo sigue siendo el de aquel ciclo glorioso que entre 2008 y 2012 se tradujo en dos Eurocopas y una Copa del Mundo. El grupo creyó haber iniciado una nueva etapa tras matar la anterior en Brasil 2014, pero cuatro años después compareció con un entrenador postizo, un portero con dudas, una defensa zozobrante y sin otra idea que darle el balón a Isco cuando se acercaba a la meta rival. Una victoria sufrida ante Irán y empates ante Portugal, Marruecos y Rusia dan la medida del paso del equipo por el torneo. El pie de Akinfeev despejando el penalti decisivo a Iago Aspas resquebrajó definitivamente el espejo en el que España se miraba

La siesta es una costumbre estival que las dos selecciones practicaron durante la primera parte. Ignashévich, el veterano central de 38 años rescatado para jugar el torneo, invitó a Sergio Ramos a acostarse en el área mientras caía un balón centrado en una falta lateral. La pelota rebotó en el gemelo del defensor ruso y llegó a la red mientras el español celebraba el gol con tanta pasión que hasta parecía que lo hubiese marcado él. 

Pasado ese sobresalto en el minuto 12, la siesta continuó. España tocaba y tocaba la pelota sin ningún tipo de profundidad. Isco, con Iniesta en el banquillo, podía maniobrar en cualquier parte del campo, pero perdía al mejor socio de su fútbol. Ni Asensio, ni Silva fueron capaces de insmicuirse en las dos prietas líneas defensivas de los anfitriones. La modorra parecía cómoda para el equipo que iba por delante, pero tanto se acostumbró que le costó espabilar en las jugadas a balón parado, pues exigen más revoluciones. Piqué se despistó y dejó el brazo en alto en un córner rematado por Dzyuba. El gigantón ruso (una de las apariciones del Mundial, aunque solo sea porque salta a la vista) batió a De Gea en el penalti. Se acababa ya la primera parte y el ataque español generó una ocasión para Costa, la única, sobre el silbato final. 

La segunda mitad pareció otra cosa durante cinco minutos y pronto se reveló como el mismo tedio. El equipo con balón y el equipo sin balón (porque españoles y rusos jamás intercambiaron ese pape) fueron igual de inanes. Cherchesov sentó a Dzyuba por Smólov para que nada cambiase y Fernando Hierro lo imitó, retirando a Costa por Aspas en lugar de colocar a los dos delanteros juntos. Aun así el gallego generó una ocasión de Iniesta, ya en el campo, y dio alguna salida a un Isco que intentaba sobreponerse al agotamiento de su monólogo ofensivo. El partido se fue a la prórroga entre bostezos. 

La línea plana que mostraba el electrocardiograma del encuentro solo se alteró con el ingreso de Rodrigo Moreno. El delantero del Valencia mostró incluso un punto necesario de egoísmo para trazar una y otra vez una línea recta hacia la portería. Pero con 100 minutos en las piernas, ya nadie le seguía. Un gráfico televisivo mostraba entonces que España sumaba más de 1.000 pases con el 90% de acierto, ninguno de ellos un vehículo de peligro. Otro, que Rusia solo había disparado a puerta en su gol. La grada del Estadio Olímpico de Luzhniki celebraba alborazada la llegada de la tanda de penaltis. 

Lejos de reivindicarse tras un torneo preocupante, David de Gea encajó dos lanzamientos por el centro de la portería, uno de ellos bajo su cuerpo. Koke disparó a media altura para el lucimiento de Akinfeev, que detuvo y dio la ventaja a Rusia. Iago Aspas, el ariete que la afición españolaba reclamaba y que parecía en mejor momento de forma, tuvo el quinto lanzamiento y probó al modo ruso, centrado. El portero anfitrión le enseñó entonces un truco nuevo: dejó un pie atrás y mandó al limbo el lanzamiento y el sueño español de reeditar glorias que cada vez parecen más viejas. 

Rusia, que parecía una figurante en su propio campeonato, avanza a cuartos de final. España le dice adiós a Andrés Iniesta, el hombre de aquel gol mundial, también a Gerard Piqué, que jugaba su último torneo internacional, y se acuesta en el diván. 

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