A veces, el fútbol es una simple cuestión de suma de talento y físico. Algunas ocasiones dejan en evidencia esquemas tácticos sesudos y conspiraciones arbitrales. Entender por qué Brasil superó a México 2-0 y se clasificó para cuartos de final de Rusia 2018 es sencillo de resumir: más talento, más juventud, más explosividad y capacidad atlética. En un torneo corto como un Mundial y con partidos concentrados bajo condiciones extremas de presión, calor y cansancio, esos factores pesan más que en otras condiciones. Y ahí Brasil se mueve mejor que nadie y confirma su condición de favorita clara para conquistar su sexta estrella de la Copa del Mundo.

México arrancó mejor en el partido porque no va coja de calidad. Guardado, un futbolista de madurez extraordinaria y que casi nadie previó en su época de extremo zurdo en el Deportivo de La Coruña, cogía la espalda de Casemiro e hilaba el juego para Carlos Vela, Hirving Lozano y las apariciones de Herrera en segunda línea. Pero Allison no tenía que parar y con el paso de los minutos Brasil empezó a encontrar resquicios en un centro del campo algo permeable con el veterano Rafa Márquez en el eje y los tres centrales en la zaga. El capitán hizo historia con su titularidad pero fue sustituido tras el descanso. Bastó un primer despiste de Álvarez sobre Neymar para desatar el mejor juego de Brasil mediado el primer acto. 

Ochoa mantuvo a México en el partido con paradas de mérito ante el 10 del PSG, ante Gabriel Jesús, ante Paulinho, ante Willian… Brasil fue imponiendo una velocidad mayor de la que soportaban las veteranas piernas de Vela (en la MLS no se corre así), Guardado, el inédito Chicharito… Entre Neymar y Willian rompieron la igualdad con un bello tacón del extremo para la aparición fulminante del afro del Chelsea. Uno de los mejores asistentes de la Premier League puso el balón goloso en el punto de penalti y ahí apareció Neymar para empujar. Famoso en todo el mundo por las redes sociales por sus croquetas cada vez que recibe una falta, esta vez Ney se tiró al suelo para algo productivo.

Brasil no controló del todo bien su ventaja porque México apareció varias veces con oportunidades de crear mucho peligro a la espalda de un Casemiro agotado (y que se perderá el partido de cuartos por sanción, una baja importante para TIte). Pero ahí se hizo palpable la principal diferencia entre México y Brasil: no hubo ninguna decisión buena de los aztecas en los últimos 20 metros. El siguiente paso en la evolución del muy promisorio Chucky Lozano es crear peligro hacia su perfil izquierdo y ponérselo más difícil a tipos grises como Fagner. En el otro lado del campo, balas como Willian y Neymar generaron un destrozo en la zaga del Tri, muy justa de piernas. Sólo faltaba encontrar el pase definitivo para matar el partido, y Neymar lo encontró para desmontar al muy castigado Ayala y ceder el 2-0 a Firmino. Ni el revolcón con efecto retardado por un pisotón alevoso pero de apariencia leve de Layún consiguió distraer a Neymar, camino de liderar a su equipo a la tierra prometida.

Brasil sigue sin recibir goles, como buen equipo de Tite, pesado y rocoso mientras confía en la extrema calidad de sus cuatro atacantes. México se va a casa con el recuerdo de dos muy buenos partidos en la fase de grupos pero la amargura de que nunca en la historia le ha hecho un gol a Brasil en la Copa del Mundo. ¿Será Bélgica capaz de medir la verdadera dimensión de la canarinha en los cuartos de final que huelen a final anticipada, visto lo visto en Rusia 2018?

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