Modric, Rakitic y Perisic se sientan ya a la mesa de Suker, Boban y Jarni. Croacia regresa, 20 años después, a la penúltima ronda de una Copa del Mundo. Lo hará, eso sí, exhausta. La Vatreni solo pudo eliminar a Rusia en la tanda de penaltis, como había hecho con Dinamarca, después de que el emocionante de cuartos de final partido terminase con un marcador de 2-2. El combinado anfitrión se despide de su Mundial con una actuación dignísima, excediendo las expectativas y llevando al límite sus modestas posibilidades para competir contra equipos de mayor nivel. Quizás este torneo ayude al resurgir de una selección que fue grande. La croata ya lo es ahora. 

A Stanislav Cherchesov hay que reconocerle que no tiene aversión al cambio. Pese a lo que diga su característica imagen (como entrenador conserva el mismo poblado bigote que lucía en su etapa de portero internacional -entonces también tenía pelo en la cabeza-), el técnico ruso mutó a su selección. No fue aquel autobús con dos líneas de cinco y cuatro hombres inmóviles ante su propia portería contra el que se accidentó España en los octavos de final. Los anfitriones se desplegaron con el mismo 4-2-3-1 que sus rivales balcánicos. Tanto los sorprendieron que durante cinco minutos el partido se jugó en el área croata. Fue lo que tardaron Modric y Rakitic en desperezarse y ponerse al timón del encuentro. 

Esta Rusia menos timorata y jaleada por el público de Sochi, aprovechó cada balón recuperado para lanzar pelotazos a su hombre boya. Artiom Dzyuba, el grandullón delantero del Zenit es una de grandes apariciones del torneo. Más limitado que el liviano Golovin, sí, pero extraordinariamente concreto y efectivo para la suerte de su equipo en esta Copa del Mundo. A la media hora devolvió con gran calidad una pared a Cherysev, otro héroe tan inesperado que, jugando como delantero, luce una zamarra con el número 6, propio de un pivote. Ese balón a 25 metros del arco lo chutó el rubio Denís entre dos defensas por un hueco mínimo. La pelota voló como un flechazo de precisión a la escuadra de Croacia en un gol hermosísimo, otro más de los anotados por el jugador del Villarreal en este torneo. 

Quizás porque nunca se habían visto mejor, los rusos se permitieron un instante de relajo, una distracción vanidosa. Y como si todo se hubiese dispuesto para recibir una enseñanza moral, lo pagaron. Un balón que Fernandes no cortó en la banda acabó en los pies de Mandzukic que corrió perseguido por cinco defensores. Tal mal se escalonaron los zagueros rusos que acabaron dibujando un pasillo por el que apareció a la carrera Kramaric. Allí le puso el balón Mandzukic y el delantero del Hoffenheim remató de cabeza el empate solo ocho minutos después del 1-0. Era el minuto 39 y Croacia llegaba viva al descanso. 

La segunda mitad tuvo menos equilibrio. La selección de Zlatko Dalic asumió su favoritismo e intentó avasallar sin acierto al equipo local. Cherchesov blindó a los suyos, retirando atacantes para poblar el centro del campo y resistió la lluvia constante de centros de los laterales arlequinados. El portero Akinfeev solo tuvo dos sustos: atrapó una chilena de Rebic y observó cómo un tiro de Perisic tocaba el poste y se paseaba por la línea de gol sin cruzarla. Con resignación, ambos equipos contemplaron un destino idéntico al que vivieron en los octavos de final: prórroga. 

El partido continuó en el tiempo extra con imágenes de los jugadores tomando aire a la mínima oportunidad para combatir el cansancio acumulado. La falta de oxígeno acabó pesando en el juego, cada vez más deslavazado. En ese panorama, el balón parado cobra más relevancia. Lo demostró en el minuto 100 el central croata Vida, que sacudió su coleta rubia en un testarazo afortunado tras un saque de esquina. El balón picado cruzó entre las piernas de compañeros y rivales hasta encontrar la red. Lo demostró en el minuto 114 el lateral rusobrasileño Fernandes, rematando con la frente una falta botada desde el pico del área por Dzagoev. El 2-2 anunciaba la inevitabilidad de los penaltis, la vía por la que rusos y croatas habían llegado a estos cuartos de final. 

Subasic y Akinfeev detuvieron un lanzamiento cada uno. Fernandes tiró el suyo fuera y el portero ruso adivinó el lanzamiento de Modric, pero el balón desviado por su brazo tocó en el poste y, por fortuna para los croatas, acabó entrando. Ahí cundió la impresión de que el triunfo iba a ser balcánico. Lo certificó Rakitic con el tiro decisivo, el que devuelve a su selección a las semifinales que habían alcanzado en una histórica participación en 1998. Allí los espera Inglaterra, que sin duda agradecerá cada uno de los minutos extra que Croacia ha tenido que exprimir para llegar a ese partido. 

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