A base de cabezazos, Inglaterra está allanando su camino hacia la final del Mundial de Rusia 2018. La selección de Gareth Southgate está empeñada en darle la razón a los que cantan que el fútbol va a regresar a casa (aunque lo hagan mal) en forma de segundo título en una Copa del Mundo, algo con lo que ni ellos esperaban. Las semifinales ya son una realidad para la Inglaterra maldita, que no llegaba a una penúltima ronda de un torneo desde la Eurocopa que organizó en 1996 y 28 años de la última vez que asomó por esas alturas de un Mundial (en Italia 90). Para ello, Inglaterra superó sin mayores apuros a la sobria y plana Suecia, que se encontró con su límite futbolístico.

El plan sueco de jugar directo para sus dos gigantes nueves, perseguir el rebote y/o presionar muy fuerte la salida de pelota del rival se dio de bruces ante la realidad de un equipo, el inglés, diseñado para escapar a todas esas trampas. Los tres centrales de Southgate (Stones, Kyle Walker y el sorprendente Harry Maguire), no tiemblan ante nadie. Henderson barrió todo lo barrible por delante de ellos. Y luego está el hecho de que a Inglaterra le preocupa cero que le aprietes en la salida de balón: pelota larga a Harry Kane o salida por los carrileros, y pista. Suecia se las apañó, sin embargo, para tener tres ocasiones de peligro en todo el partido a pesar de no dar dos pases seguidos: ahí se encontró con Pickford, el segundo jugador en importancia para Inglaterra en Rusia 2018, por detrás de Kane.

Tres paradas de mérito del portero del Everton aseguraron que Inglaterra no pasara ningún apuro. Hizo valer otros dos goles de cabeza, su impronta en esta Copa del Mundo, con 8 de 10 goles a balón parado y el remate con la testa de Dele Alli para sentenciar mediado el segundo tiempo. Harry Maguire, un gigantón criado en escuelas católicas de Sheffield y por el que nadie apostaba a pesar de ser el único jugador de campo del Leicester en jugar todos los minutos esta pasada temporada, se impuso a la zaga sueca para marcar su primer gol como internacional por Inglaterra.

El 1-0 fue todo lo que no quería Suecia, consciente de sus dificultades para llevar iniciativa en el juego. Su plan es esperar y cortocircuitar el del rival, pero si éste está en ventaja, puede jugar con ella. Y eso hizo Inglaterra: su segunda línea de atacantes tuvo unos minutos de chispa en el segundo tiempo y aunque Sterling casi siempre eligió mal, el 2-0 parecía inevitable hasta que Dele Alli, el segundo inglés más joven en marcar en un Mundial, acertó a centro de Lingard. Fin de la historia para Suecia, contenta con el papel realizado, y comienzo del sueño para Inglaterra, que se encuentra ante una oportunidad única de añadir gloria mundialista a la lograda en 1966.

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