“Es o ha sido un placer entrenarlos” fue la ambigua fórmula con la que Fernando Hierro despachó las preguntas acerca de su continuidad al frente de la selección española cuando en el Estadio de Luzhniki la afición local todavía festejaba su triunfo ante una de las favoritas al título en el Mundial de Rusia 2018. Que el improvisado entrenador no iba a seguir en el puesto se veía venir. Quizás no tanto su renuncia a cualquier posición en la Real Federación Española de Fútbol: “El último seleccionador español declina regresar a su anterior cargo como director deportivo de la RFEF para buscar nuevos horizontes y emprender nuevos retos profesionales”, explicó la institución en un comunicado emitido este domingo. 

El exfutbolista malagueño fue el recambio de emergencia que el presidente federativo Luis Rubiales encontró cuando descubrió la traición de Julen Lopetegui a 48 horas del inicio de la Copa del Mundo. Con el Real Madrid urdiendo a sus espaldas el fichaje del técnico que había clasificado a España para el torneo, el mandatario de nuevo cuño afirmó su autoridad con un despido fulminante y situando a Hierro al frente de un vestuario pasmado. Por eso la nota oficial “quiere agradecer a Fernando Hierro su compromiso y sentido de la responsabilidad al ponerse al frente del combinado nacional en unas situaciones extraordinarias así como en el desempeño de todas sus funciones en la que siempre será su casa”.

Pese a lo que viste en el currículo haber entrenado en una Copa del Mundo, no parece que esta experiencia vaya a ayudar al ya ex director deportivo a encontrar esos “nuevos retos profesionales”. Hierro, que había sido ayudante de Carlo Ancelotti en el Bernabéu, tuvo un paso discreto por el Real Oviedo, su único trabajo como primer entrenador el Mundial: ganó y perdió el mismo número de partidos en la Segunda División española. En Rusia 2018 su balance fue igual de decepcionante, más aún por el discreto nivel de los equipos rivales: empate ante Portugal y Marruecos, victoria sufrida ante Irán, y derrota en los penaltis ante los anfitriones tras un ejercicio de impotencia que será recordado durante años

El que fuera símbolo de la selección española durante los años 90 tuvo mejor fortuna en los despachos que en el campo. Con él como director deportivo, España ganó la Eurocopa de 2008 y el Mundial de Sudáfrica 2010. Regresó al cargo para pilotar la transición del combinado hacia la generación que habría de relevar a la de Xavi, Casillas, Iniesta y Puyol, y se marcha en medio de un guirigay. Sin él, Rubiales pierde a uno de sus escudos ante la opinión pública y la prensa. 

El presidente de la RFEF ya ha visto como una parte importante de los medios próximos al Real Madrid han evitado insinuar siquiera la parte alícuota de responsabilidad del club merengue y de Lopetegui en la crisis de La Roja. También se hace ver que Hierro demolió la obra del nuevo entrenador madridista, cuando ya los amistosos previos a la Copa del Mundo habían emitido señales preocupantes sobre el estado de forma del equipo. Rubiales, un recién llegado al cargo, se encuentra ahora ante la necesidad de acertar para proteger su puesto y restaurar la imagen de la selección. 

Sin Hierro, la Federación busca director deportivo y entrenador, y no unos cualesquiera. Cualquier elección que no sea parecida a indiscutible, debilitará al responsable último de un equipo que, aunque debería representar a todos los españoles, en realidad genera menos adhesión que el club favorito de la mayoría de españoles. Ese que ahora entrena Julen Lopetegui. 

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