Luis Enrique no tendrá cláusula de rescisión porque entendemos que si un entrenador quiere salir debería hablar con nosotros. Estableciendo una cláusula el diálogo se puede evitar”. Luis Rubiales, el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, dejó ese recado a Julen Lopetegui y al Real Madrid durante la rueda de prensa que sirvió para anunciar la contratación de Luis Enrique (Gijón, 48 años) como nuevo entrenador de la selección española. No pareció una pulla gratuita. A fin de cuentas, de no mediar el fichaje del ex entrenador por el club blanco a dos días de iniciarse el Mundial de Rusia 2018, Rubiales no estaría donde estaba esta mañana de lunes, haciendo lo que estaba haciendo. 

La elección del asturiano no contenta a todo el mundo en España. Por currículo, parece incuestionable: Luis Enrique fue un habitual de la selección como jugador (62 partidos) y su nariz ensangrentada por un codazo de Mauro Tassotti en los cuartos de final del Mundial de Estados Unidos 1994 es una imagen imborrable para la afición española; su trayectoria de entrenador, con episodios en la Roma y el Celta de Vigo, culmina en un trienio memorable en el Barcelona, con una Champions League, dos Ligas, tres Copas del rey, un Mundial de Clubes, una Supercopa de Europa y otra de España. Además, tras un año sabático, su nombre se relacionaba con el de algunos de los principales clubes europeos con banquillo vacante. 

Pero Luis Enrique es también un tipo de genio, arisco en su trato con la prensa y que no se maneja bien con las relaciones públicas, muy necesarias en un cargo como el que va a ocupar. Además, para esa parte de la afición tan vigilante en cuestiones de nacionalismo español y que sospecha del compromiso de jugadores como Gerard Piqué, el nuevo seleccionador es una figura controvertida: jugó en el Real Madrid y en el Barça, pero acabó identificándose mucho más con el club catalán y todo cuanto representan los blaugrana. En un vestuario donde ahora la capitanía y buena parte de las taquillas las ocupan símbolos del Madrid, hay quien teme por la armonía de un equipo tan sujeto a los vaivenes del duopolio futbolístico en España. 

“Viene a intentar que la selección gane, que ese es su cometido, y luego pues la relación (con la prensa), intentaremos que aunque sea escasa, sea la mejor posible”, explicó Rubiales a los periodistas. También, para despejar las otras suspicacias, remarcó que “fue relativamente sencillo llegar a un acuerdo con Luis Enrique porque él quería ser seleccionador español. Tenía ofertas tremendamente importantes. Económicamente era imposible que llegáramos a sus números y él ha puesto mucho de su parte porque si no, habría sido imposible”. Su vínculo con la Federación será por dos años. 

La elección del entrenador viene avalada por el nuevo director deportivo de la institución, el ex portero de Atlético de Madrid y Deportivo de La Coruña José Francisco Molina. Tras una breve experiencia como preparador en categorías formativas y en la India, asume la vacante que dejó Fernando Hierro tras su mala experiencia como entrenador de emergencia en Rusia 2018. Molina, antes de que el presidente confirmase el nombre del entrenador, describía así el perfil futbolístico del técnico que buscaba: “Que sea un entrenador moderno. Creo que no hay que variar mucho el estilo de jugar de la selección. Pero hay que hacer algunas modificaciones. No hay que tirar todo por la borda como si nada de lo que se ha estado haciendo valiese”. 

Vamos, exactamente lo que hizo Luis Enrique con el Barcelona post-Guardiola y que ahora necesita una España que va perdiendo referentes sobre el césped. 

No Hay Más Artículos