En un Mundial de Rusia 2018 lleno de sorpresas, tres de ellas ya semifinalistas, Inglaterra ha sido una de las más agradables. El país británico, cuna del fútbol, se había ido quedando atrás poco a poco, anclado en los aspectos más primitivos del juego, algo que no le permitía competir de igual a igual con las grandes potencias. Todo cambió en el pasado mes de septiembre, cuando la FA eligió a Gareth Southgate para el banquillo de la selección. Después de varias etapas en las categorías inferiores, el técnico aceptó el reto y sin ningún miedo empezó a adoptar medidas revolucionarias que han permitido al equipo de los tres leones llegar por fin al siglo XXI.

Porque estar a un paso de alcanzar una final de una Copa del Mundo por primera vez en más de 50 años no ha sido casualidad. Y una de las influencias más importantes para que eso ocurriera ha sido la de Pep Guardiola. No es algo nuevo esto, ya que los dos últimos campeones del Mundo (España y Alemania) lograron el título cuando el técnico catalán entrenaba en su liga.

En este caso no es tanto la influencia que haya podido generar directamente a través de su trabajo en el Manchester City, que también, como así demuestra el cambio en la portería o la forma de sacar el balón jugado desde los centrales. Viene ya de antes como explica el propio Southgate: “¿Quién entrena a nuestros jóvenes? Está en los padres que trabajan con nuestras categorías inferiores. El impacto de ver al Barcelona hace cinco o siete años fue enorme. Guardiola fue un innovador. Los niños de ahora, cuando pueden jugar en campos que no están inundados o helados, salen jugando desde atrás. No veo a los entrenadores echarse las manos a la cabeza y pedirle que vayan hacia adelante. Ahora está teniendo un impacto con su equipo jugando de manera diferente a todo lo visto antes. Siempre hablo de que uno de nuestros problemas es no salir de la isla… es genial que tengamos entrenadores que vengan a ayudarnos“. 

Pero la curiosidad y las inquietudes del bueno de Gareth van más allá del propio fútbol y el libreto de sus colegas. Tanto, que el seleccionador inglés también bebe de otros deportes como el baloncesto o el fútbol americano. Y aunque pueda parecer extraño, esto le ha servido para poner a punto su mejor arma en este campeonato: el balón parado.

Tras la eliminación de Inglaterra en la Euro 2016 contra Islandia a todo el país le quedó gravada la imagen de Harry Kane, sí, el actual pichichi y mejor rematador inglés, lanzando los saques de esquina. En dos años ese esperpento se ha transformado en ocho goles generados a través de la estrategia en cinco partidos.

Además de un buen centrador, que ya no es Kane, Southgate sabía que la clave era la capacidad para ganar ese segundo de ventaja que permite llegar al balón antes que el rival. Y se le ocurrió que ese segundo podía ser el que necesita cualquier buen tirador de la NBA para salir de un bloqueo y lanzar un triple. Él y parte de su cuerpo técnico llegaron a ver en directo un partido de los Minnesota Timberwolves, y entrevistarse con sus entrenadores, para entender mejor cómo atacar y aprovechar mejor el hueco libre en espacios reducidos.

En ese sentido también tuvo tiempo para poner de ejemplo el otro gran deporte de Estados Unidos: el fútbol americano. De la pizarra NFL sacaron ese concepto que define a los grandes llegadores de la historia: no hay que estar nunca, pero hay que aparecer siempre. Lo mismo que hacen los receptores cuando corren sus rutas esperando el balón del quarterback.

No se sabe aún cuál será el final de esta bonita historia inglesa, pero lo que ya es seguro es que en menos de un año Gareth Southgate ha conseguido renovar por completo a uno de los equipos más conservadores del planeta fútbol. Sus ideas, unido a una generación joven y hambrienta pueden darle a las islas mucha gloria en los próximos años.

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