El Mundial de Rusia 2018, uno más, no será recordado por el papel de las selecciones africanas. Más allá de las buenas sensaciones que dejó Senegal, ningún conjunto del continente negro logró avanzar más allá de la fase de grupos y salvo contadas excepciones en los últimos años no llega ese esperado paso adelante a nivel competitivo. Esto no quiere decir que África no vaya a tener representación en los partidos decisivos. Es más, sin sus raíces sería imposible entender el éxito de dos de las mejores selecciones del torneo: Francia y Bélgica.

Porque la que está considerada como semifinal estrella tendrá en su mezcla de culturas una de las características principales. De los 46 jugadores que componen las listas de las dos selecciones, prácticamente el 50 por ciento tiene origen en diferentes países africanos como resultado del colonialismo ejercido por ambos países durante años.

En el caso de los futbolistas franceses, una generación joven, la mayoría ya nació en territorio galo. Pero sus padres llegaron desde Marruecos (Rami o Fekir), Congo (Kimpembe o Matuidi) o Guinea (Pogba). Camerún también juega un papel importante, país de nacimiento de Umtiti y del padre de una de las estrellas como Kylian Mbappé. De Mali llegan los correcaminos Kanté y Dembélé.

Algo similar ocurre en sus vecinos y ahora rivales belgas. Empezando por su máximo exponente en el torneo: Romelu Lukaku, hijo de padres congoleños. Kompany, Tielemans, Batshuayi o Boyata también tienen ascendencia en ese país. Tampoco faltan los llegados de más al norte, como los Fellaini o Chadli desde Marruecos. La influencia de África llega incluso de forma indirecta, como el caso de De Bruyne, cuyo abuelo fue un importante empresario del petróleo y su madre vivió varios años en países como Costa de Marfil o Burundi, donde el jugador del Manchester City también pasaba tiempo de niño.

Y así, en un momento de la historia en la que poner barreras le gana la partida a construir puentes, el Mundial de fútbol servirá como inmejorable campaña a favor de la inmigración y la muestra de que la convivencia de diferentes culturas trabajando unidas no hace más que enriquecer un país… en el fútbol y en el día a día.

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