Apenas 15 partidos después y un surrealista intento de que entrenara a la selección sub-20 en un torneo internacional en España contra India y selecciones autonómicas locales, Jorge Sampaoli ya es historia en la selección de Argentina. Una muesca más en el cinturón de la albiceleste, un equipo incapaz de darle a Lionel Messi (un jugador que no se repetirá) el entorno y los medios necesarios para florecer y llevarles a la tierra prometida. En la carrera de La Pulga con la selección han pasado tantos entrenadores (Pekerman, Sabella, Martino, Maradona, Bauza, Sampaoli y posiblemente alguno más que nos hayamos olvidado) que es difícil seguir la cuenta, y además también sacudidas institucionales en el fútbol argentino que no ayudan. Y tras el fiasco de Rusia 2018, donde Argentina superó la primera fase por los pelos y no tuvo opciones en octavos contra Francia, no tardó demasiado el despido de Sampaoli y la inevitable rueda de rumores sobre el sucesor. Todas las señales apuntan a José Pekerman.

El veterano entrenador argentino es el responsable y arquitecto del mayor orgullo del fútbol de su país desde hace casi 20 años, los títulos mundiales de la selección sub-20. Fueron tres bajo la batuta de Pekerman (1997, 1997 y 2001) y otras dos (2005 y 2007)  coordinadas por su trabajo. A eso se aferra la AFA para ofrecerle de nuevo el timón de la albiceleste y quién sabe si algo más: la dirección deportiva muy necesaria en el equipo nacional. Pekerman ya dirigió a Argentina en el Mundial del 2006, con otro resultado no demasiado bueno. Ahora, se espera que aplique lo mismo que logró en Colombia (con dos muy aceptables Mundiales y la explosión de joven talento a nivel internacional) para retomar la cultura ganadora en la albiceleste.

Y de su mano, un puñado de ayudantes salidos directamente de su mano en las categorías inferiores de la selección argentina, como Pablo Aimar, Diego Placente y Lionel Scaloni, exjugadores de largas carreras en Europa y que ya pasaron por diferentes niveles de la estructura deportiva de la albiceleste. Pero, de fondo, y principalmente, un candidato a algo más que ayudante: Esteban Cambiasso. Como Henry en Bélgica, el excentrocampista de Real Madrid e Inter de Milán echó una mano a José Pekerman en la selección de Colombia. Si el veterano técnico regresa a su país, es de esperar que Cambiasso (deseando emprender una carrera como entrenador tras colgar las botas) le siga en el camino.

Todos ellos nombres con fuerte ascendencia entre los jugadores en activo. Los indicios apuntan a Pekerman como solución más lógica y plausible. Porque las otras suenan a poco menos que quiméricas. Los nombres de técnicos argentinos de prestigio como Diego Simeone, Mauricio Pochettino o (quizás más asequible) Marcelo Gallardo (tras su ya largo y con altibajos periplo en River Plate) suenan demasiado complicados. Otros como Matías Almeyda (otro producto de las categorías inferiores de la selección) carecen del pedigrí de sus otros competidores. La única alternativa real parece ser Ricardo Gareca, otro argentino exiliado en otra selección (Perú) y que está algo resentido con la AFA. Pekerman parece una salida lógica, pero eso es precisamente lo que ha faltado en los que deciden el rumbo de la selección argentina durante al menos un lustro.

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