Para muchos aficionados al fútbol, durante cuatro años la selección de Islandia fue su segundo equipo. En el equipo nórdico veían el reflejo de un tiempo ya pasado, en el que la competición no parecía apenas una excusa para un engranaje empresarial multimillonario. Los islandeses llenaron páginas de prensa por una normalidad que resultaba exótica en el híperprofesionalizado fútbol moderno. Algunos de ellos compaginaban sus carreras con oficios o aficiones distintas a la reclusión en una mansión de lujo a las afueras de una gran capital europea. El primero que daba ejemplo era su entrenador, tan preocupado por el banquillo como por su puesto de dentista. Ahora, tras llevar a Los Vikingos al Mundial de Rusia 2018, cambia la pizarra por las caries. 

Heimir Hallgrímsson deja su cargo en el equipo nacional a petición propia, según confirmó este martes la federación islandesa. El técnico de 51 años formó parte del binomio técnico que condujo a Islandia a los cuartos de final de la Eurocopa 2016, donde cayó ante la actual campeona del mundo y anfitriona del torneo, Francia. Entonces compartía banquillo junto al sueco Lars Lagerbäck, actual entrenador de Noruega. Desde entonces asumió el puesto en solitario y por primera vez en la historia clasificó a su país para una fase final de la Copa del Mundo

Por un momento pareció que los nórdicos podrían repetir la proeza en Rusia. Causaron sensación al arrancar un empate contra Argentina en la primera jornada. Sin embargo, las derrotas frente a Nigeria y Croacia los apearon del torneo

Tras la eliminación en la fase de grupos, Hallgrímsson se tomó unos días para decidir si renovaba su contrato con la Federación. Lo hizo de vuelta en su archipiélago natal de Vestmannaeyjar, donde la principal isla, Heimaey, apenas supera los 4.000 habitantes. Mató el tiempo arbitrando partidos infantiles y finalmente llegó a la conclusión de que su ciclo al frente del fútbol islandés había concluido. 

“Estoy feliz y agradecido de haber sido parte de este grupo que ha allanado el camino para las generaciones futuras y que ha logrado tantas cosas por primera vez en la historia”, dijo Hallgrímsson para despedirse. Antes comenzar el Mundial ya había deslizado que tenía otros asuntos de los que ocuparse: “Todavía tengo mi clínica y me gusta mantener mis dedos en funcionamiento, así que intento ir allí todo lo que puedo en mi tiempo sobrante y practicar la odontología. Algunos entrenadores juegan al golf. Yo soy dentista”, le contaba a The Sun.

El chiste de que su selección era un dolor de muelas para los rivales ya se ha hecho muchas veces. Ahora Heimir Hallgrímsson podrá repetírselo a sus pacientes. 

No Hay Más Artículos