En un clima de excitación como el que se da en una fiesta popular por una proeza deportiva de la selección nacional a menudo resulta difícil no pisar la línea que separa el patriotismo del patrioterismo (según la Real Academia Española, “alarde propio del patriotero”, a su vez “aquel que alardea excesiva e inoportunamente de patriotismo”). Algunos aficionados aún se llevan las manos a la cabeza por ver la familiaridad con la que sus ídolos, en pleno fervor, se dejan acompañar por personajes de dudosa reputación. Es lo que pasa ahora mismo con Luka Modric e Ivan Rakitic, estrellas de la selección de Croacia que logró el subcampeonato en el Mundial de Rusia 2018 y que se mostraron amistosos con uno de los animadores de los festejos por las calles de Zagreb, el músico Marko Perkovic Thompson, sospechoso de ensalzar una ideología filonazi

Thompson, que toma su apodo del rifle con el que combatió en la Guerra Croata de Independencia a principios de los años 90, es un cantautor cuyas letras glorifican historias ultranacionalistas y ultracatólicas, nostálgicas del movimiento ustachi, xenófobo y colaborador de III Reich nazi en la primera mitad del siglo XX. Él niega esos vínculos, pese a que parte del público que frecuenta sus conciertos, suspendidos en países como Suiza, viste símbolos que recuerdan esa filiación repudiable. 

Las crónicas de la multitudinaria celebración croata por el éxito futbolístico destacan cómo el músico en cuestión aceptó una petición expresa de Modric para que cantase al final de la fiesta y se acompañan de una instantánea de Rakitic sonriente junto al ex soldado y ahora trovador de las supuestas glorias del país balcánico al que llama “rey”.

Stigo je kralj..!😘🙏 jedan jedini.!!! Idemo hrvatska 🇭🇷

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Este episodio es el último en la utilización política del éxito deportivo del combinado arlequinado. Los triunfos del equipo apenas se impusieron en popularidad a la presencia en el palco de autoridades de los estadios de la Copa del Mundo de la presidenta croata, Kolinda Grabar-Kitarovic. La mandataria se convirtió en uno de los personajes virales del torneo por la efusividad de sus gestos y su decisión de llevar en todo momento puesta la camiseta del equipo sin observar los protocolos tradicionales de vestimenta para las personas de su cargo. La culminación de su particular Mundial tuvo lugar durante la entrega de trofeos, cuando la gobernante aguantó paciente bajo la lluvia para dar un abrazo y saludo prolongado a todos y cada uno de los participantes de la final. Sí, incluidos los rivales franceses. 

Sin embargo, la prensa internacional ya se encargó de profundizar más allá de lo pintoresco en la actuación de Grabar-Kitarovic, interpretando su presencia en Rusia como una campaña política para la reelección. El politólogo croata Dejan Jovic explicó a la BBC que “en términos de sus puntos de vista políticos, es una conservadora populista-nacionalista, aunque es algo realmente difícil de creer en base a lo que se podía ver en la Copa del Mundo”. Como jefa del Estado ha apoyado políticas de veto a la inmigración y, según Jovic, “con su retórica y comportamiento nacionalista (por ejemplo, durante los partidos del Mundial, cuando parecía más una fanática del fútbol que una mujer de Estado) se vuelve más atractiva para el sector de la derecha”. 

Ella misma había posado hace unos años con la bandera que se ve en los conciertos de Thompson. Sí, la de la Ustasha. Esa que, en pleno furor por sus hazañas sobre el césped, a algunas estrellas croatas no les produce ninguna incomodidad. 

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