Camino de Singapur, donde participará en la gira de pretemporada del renovado Arsenal de Unai Emery, Mesut Özil ha decido atar cabos de un verano para olvidar en el campo y fuera de él. Sobre el césped de los estadios del Mundial de Rusia 2018, el mediapunta fue uno de los señalados como culpables del fiasco de Alemania, eliminada en la fase de grupos. Al diez de la Mannschaft no le ayuda esa apariencia a menudo apática de su juego. Tampoco le había granjeado simpatías a ojos de la afición teutona la polémica en la que se vio envuelto antes de la Copa del Mundo. La foto que se tomó junto a su compañero Gundogan con el polémico presidente de Turquía Recep Tayyip Erdogan fue objeto de debate político y obligó a pronunciarse hasta a la canciller Angela Merkel. Ahora, un mes más tarde, el futbolista ha respondido sin pelos en la lengua. 

“Es con gran dolor de corazón y tras reflexionarlo mucho, que por los recientes sucesos no volveré a jugar con Alemania partidos internacionales mientras perciba este sentimiento de racismo y falta de respeto”, anunció Özil a través de una serie de tres comunicados en sus redes sociales que fue espaciando a lo largo del domingo. “Cuando directivos de la Federación Alemana de Fútbol (DFB) me tratan como lo hicieron, insultan mis raíces turcas y egoístamente me convierten en propaganda política, hay que decir basta”, resuelve el jugador tras cargar con dureza contra Reinhard Grindel, el presidente del fútbol germano.

Al ex parlamentario de la Unión Demócrata Cristiana lo culpabiliza de favorecer el sesgo racista de las críticas padecidas tras su foto con Erdogan y le recuerda su trayectoria en el Bundestag: “Proclamaste que ‘el multiculturalismo es en realidad un mito y una mentira de largo recorrido’ mientras votabas contra la legislación para la doble nacionalidad y las sanciones por soborno, y decías que la cultura islámica se había enraizado demasiado en muchas ciudades alemanas”. Lo señala también como máximo culpable del fracaso mundialista: “No toleraré que me use de excusa para su incompetencia e incapacidad para hacer su trabajo”. El centrocampista sostiene que Reindel quería echarlo de la selección, pero que el seleccionador Joachim Löw y el mánager Oliver Bierhoff se opusieron.

“Soy alemán cuando ganamos pero soy un inmigrante cuando perdemos”, se queja Özil, quien denuncia haber padecido insultos, acoso y amenazas no solo en las redes sociales, sino también de aficionados y políticos durante el torneo en Rusia. “A mi amigo Lukas Podolski y a Miroslav Klose nunca los llaman polacogermanos, ¿así que por qué yo soy turcoalemán? ¿Es porque se trata de Turquía? ¿Es porque soy musulmán”, inquiere. 

En su respuesta, el futbolista dedica un capítulo al trato recibido por los medios de comunicación que cree coincidente con ciertos intereses políticos. Habla de actos benéficos en su localidad natal de Gelsenkirchen en los que iba a participar y que fueron suspendidos porque su presencia no iba a ser bien recibida por las fuerzas políticas conservadoras en ascenso. Agradece el apoyo incondicional de sus patrocinadores y lo contrasta con el “doble rasero” de la prensa: “Lothar Matthaus (capitán honorífico de la selección de Alemania) se reunió con un líder mundial hace unos días (se refiere a Vladimir Putin) y apenas recibió críticas de los medios. A pesar de su papel con la DFB no le han pedido que explique sus acciones y sigue representando a los futbolistas alemanes sin ningún tipo de reprimenda”. 

Pese a lo extenso de sus reflexiones, Özil evita pronunciarse sobre las actuaciones de Erdogan pero sí justifica la foto que originó esta tormenta política: “Aunque los medios alemanes lo han presentado como algo distinto, la verdad es que no reunirme con el presidente habría sido una falta de respeto a las raíces de mis antepasados que sé que estarían orgullosos de lo que he logrado. Para mí no importaba quién era el presidente, importaba que era ‘el presidente’. Respetar al gobierno es una visión que estoy seguro que tanto la Reina como la primera ministra Theresa May compartieron cuando recibieron a Erdogan en Londres”. 

Así, citando nombres sin rubor y criticando con dureza el viraje conservador y algo xenófobo de ciertos sectores de Alemania, es como el jugador gunner se defiende de una fotografía junto a alguien que tampoco es precisamente el cervatillo Bambi. Es la verdad muy particular que Özil defiende, pero puede que también sea la de otros. Y es que incluso los jugadores franceses campeones del mundo han tenido que escuchar algún runrún crítico por el origen inmigrante de sus familias. Si el fútbol refleja la sociedad, el futbolista alemán dice que debemos estar alerta. 

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