Argentina lleva semanas nombrando a los padres de la pobre actuación de su selección en el Mundial de Rusia 2018. Que si Sampaoli, que si Messi, que si Higuain, Caballero… seguramente no le falte razón a los que critican a todos los nombrados, pero si nos detenemos en el análisis, seguramente las cabezas pensantes no les estén ayudando demasiado. Y así siguen porque en un nuevo paso incierto, la Federación Argentina acaba de nombrar a Lionel Scaloni como nuevo seleccionador de la albiceleste. Lo acompañarán Pablo Aimar y Martín Tocalli como colaboradores. Los dos primeros, exfutbolistas de largo recorrido en Europa, y miembos de exitosas selecciones juveniles ideadas por el teórico aspirante número uno al banquillo albiceleste: José Pekerman.

No se trata tanto en entrar si es una elección acertada, sino que el mayor problema viene por la sensación de interinidad con la que el nuevo cuerpo técnico llega al banquillo. Porque en la escueta nota oficial de la AFA, simplemente se señala que Scaloni y su equipo de trabajo dirigirán “los próximos amistosos de la Selección”. Ni siquiera especifica el número de encuentros.

Da la sensación, por una parte, de que después del convulso ambiente que se vivió durante la Copa del Mundo la federación quiere ir con pies de plomo a la hora de darle las riendas del combinado nacional a un nuevo técnico, y ni mucho menos comprometerse a largo plazo. Pero al mismo tiempo se puede entrever una apuesta, una moneda al aire rezando por la posibilidad que este nuevo régimen empiece con buen pie y se gane la confianza para afrontar, de forma más inmediata, la Copa América 2019.

Pura improvisación, de todas formas, después de que Pekerman partiera como favorito en las apuestas y teniendo en cuenta que tanto Scaloni como Aimar venían de ser designados técnicos de la selección Sub 20 hace apenas unas semanas. Ambos habían formado ya parte del cuerpo técnico de Sampaoli. Quizá le salga bien, pero el fondo y, sobre todo, las formas, no parecen ser más que otro parche en busca de recuperar la gloria que Argentina lleva casi tres décadas tratando de saborear de nuevo.

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