El Corinthians es el mejor equipo de fútbol de Brasil. De largo. No es ni siquiera una discusión. Al cierre de la primera vuelta de la Serie A del Campeonato brasileño, el Timão es líder con 8 puntos de ventaja sobre Gremio, sin conocer la derrota. No cae desde el 19 de marzo, contando partidos del Brasileirão, el Campeonato Paulista y la Copa Sudamericana. Pero es difícil caer enamorado del mejor equipo de fútbol del país más loco por este deporte. El nivel de la Liga brasileña es bajo, y el Corinthians tiene muy claro cuál es el mejor modelo para triunfar: el orden y la sobriedad.

La gran estrella de Corinthians en los últimos y triunfales años (aparte su apasionada afición) es Tite, el ahora seleccionador de Brasil y considerado el mejor entrenador del país. Así se resume en gran medida el espíritu y el modelo deportivo del club más poderoso en estructura, pero también en constante remodelación económica: su ingente deuda por el estadio Arena Corinthians (construido para el Mundial del 2014) le impide afianzar su plantilla para un proyecto a medio y largo plazo.

La apuesta por Fabio Carille en el banquillo le salió que ni pintada a Corinthians. En Carille encontró un discípulo avanzado de Tite, un entrenador de carácter serio y perfil bajo, que logró en poco tiempo dar un hálito de sobriedad y cohesión al Corinthians muy por encima de la media de la competencia en Brasil. El Corinthians no es un equipo que juegue bonito. Su principal obsesión es dejar la portería a cero, y exige a sus dos mediocentros (normalmente Gabriel y Maycon) un gran esfuerzo para auxiliar a dos centrales solventes (Pablo y Balbuena), a uno de sus hombres de banda (casi siempre el paraguayo Romero) que se sacrifique en defensa y a sus dos laterales (Fagner y el pujante con rumbo a Europa Guilherme Arana) que se comporten como laterales serios y no se dejen llevar por su brasileñidad.

El Corinthians deja su reserva de talento en las botas de Jadson y de Rodriguinho, dos mediapuntas ya talluditos. El primero sigue haciendo fortuna en Brasil tras su paso por Ucrania en el Shakthar Donetsk. El segundo es un jugador en el límite de la selección brasileña que nunca dio el paso a Europa y sólo salió de su país por los petrodólares.

Del gol en el Corinthians se encarga Jô, un delantero tan determinante en Brasil como gris fuera de su país.

Es otra de las características del equipo paulista: mientras sus rivales directos repatrian a estrellas como Nilmar, Hernanes o Deyverson, y otros mantienen plantillas con jugadores carísimos como Diego, Fred o Robinho, el Corinthians anda justo de talento y está completando una brillante temporada tirando de su cantera. Es una pauta en Brasil: queriendo europeizar su fútbol, optan por el orden y la sobriedad, restando la chispa e imprevisibilidad (cuando no directamente caos) del fútbol brasileño. En eso, el Corinthians es el mejor equipo de todos: no te va a enamorar, pero compite mejor que nadie.

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