En una Liga donde las principales estrellas son jugadores retornados con resultado en ocasiones decepcionante, Brasil se prepara para quedarse sin, posiblemente, su futbolista más brillante esta temporada. Luan juega en el Gremio, por lo menos hasta el cierre de mercado en Europa, si nadie paga la cifra que el club de Porto Alegre considera justa (al menos 20 millones de euros) y convence al jugador (el Spartak de Moscú no lo logró).

Se prepara así el siguiente gran traspaso del fútbol brasileño, una cantera inagotable de jugadores que últimamente tiene problemas para generar lo que antes era el pan nuestro de cada equipo: el delantero centro capaz de marcar diferencias. No lo es Luan, pero la joven estrella del Gremio se ha ganado un lugar en el mercado con su capacidad de hacer gol desde la mediapunta o el extremo zurdo, y también con un número interesante de asistencias.

Jugador de buena planta, pelota pegada al pie y sentido del juego capaz de alternar galopadas con regates cortos elegantes y pases efectivos que lubrican las jugadas, Luan acumula 11 goles y 5 asistencias en 22 partidos de Liga y Libertadores. Está siendo su mejor año a nivel estadístico, bajo las órdenes del recordado Renato Gaúcho, en un Gremio que compite por ser segundo en un Brasileirão dominado con mano de hierro por el Corinthians.

Es difícil medir el nivel del fútbol brasileño y para hacerse una idea, el capitán general de la zaga de Gremio es Geromel, aquel desastre del Mallorca. Pero Luan brilla en el campeonato doméstico y en la Libertadores, donde su equipo afronta un duelo de cuartos contra el Botafogo, en el que es favorito a pesar de las heroicidades del equipo carioca. Luan percute por la banda pero donde está creciendo como jugador es cuando se mueve por detrás del delantero, idealmente del veterano Lucas Barrios.

De origen humilde, salió de una favela de São Paulo pero a favela não sai dele, una premisa que llevó por el mal camino a otros talentos como Adriano. Luan se crió sin padre, muerto en accidente de tráfico, y decidió dedicarse en serio al fútbol a los 18 años. Hasta entonces apenas sabía lo que era jugar un once contra once organizado. Fue captado al poco tiempo por el Gremio, único club que ha conocido, y con el que ha corregido hábitos como ir en motos precarias a entrenar, jugándose el físico y su única oportunidad de salir de la favela.

Fue campeón olímpico con Brasil y ahora aspira a ampliar su palmarés de una Copa de Brasil en la misma competición y en la Libertadores. El Gremio quiere venderlo ya o bien renovar un contrato que acaba en 2018 pero que en enero le permitiría firmar libre con cualquier club. Ha sonado en Moscú, para la Sampdoria y hasta para el Atlético de Madrid. Si nada se tuerce, Luan será la próxima gran venta del fútbol brasileño.

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