A todos, aficionados al fútbol o no, nos desgarró la tragedia del Chapecoense. El accidente de avión que se llevó por delante a 71 personas el pasado mes de noviembre, y cuya investigación posterior confirmó los peores presagios: podría haberse evitado. Más bien, tenía que haberse evitado. El dinero volvía a imponerse a la vida humana.

Desde entonces, algunos de los supervivientes de aquella desgracia van reconstruyendo sus caminos. Así, el central Helio Neto fue un invitado de excepción en el vestuario de la selección brasileña tras el reciente encuentro frente a Ecuador. Las estrellas de la Canarinha aprovecharon para escuchar su historia y entregarle sus muestras de cariño.

Por su parte, el guardameta Jackson Follmann prosigue su milagrosa recuperación tras la amputación de su pierna derecha, las secuelas terribles de un superviviente a un trágico accidente aéreo. Todo un ejemplo de superación para un joven que aspira a continuar su carrera en el deporte paralímpico, un área donde Brasil dio un gran salto adelante en los pasados Juegos de Río 2016. Hace unas semanas, subía vídeos como este a sus redes sociales.

Neto y Follmann recibieron junto a su ex compañero Alan Ruschel la más emotiva ovación que se recuerda durante el último Joan Gamper, midiéndose al Barcelona en dicho amistoso, de los pocos compromisos que el mundo del fútbol hizo en plena ola de solidaridad con el Chapecoense y que se hicieron realidad. Una situación que se ha repetido en el Olímpico de Roma, días después de la visita del Chapecoense al Vaticano. Con un desenlace muy especial.

Efectivamente, Ruschel anotó de penalti su primera diana tras superar, tanto en lo físico como en lo psicológico, el fatídico accidente que dio a conocer al Chapecoense en todo el mundo. Una pena máxima con un valor incalculable, celebrado por todas las aficiones en cualquier extremo del planeta. Un gol, en definitiva, por la vida.

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