“Hoy no hay que decirle que no a Scocco“, bromeaba un comentarista argentino durante la retransmisión del encuentro de vuelta de cuartos de final de la Copa Libertadores entre River Plate y Jorge Wilstermann. El menudo delantero de Santa Fe pedía todos los tiros libres, todas las pelotas, sabedor de que un partido así no se repite a menudo en la carrera de un delantero. Nacho Scocco sumó cinco de los goles del 8-0 final que alumbró el marcador del Monumental en una noche lluviosa.

El repóquer goleador sirvió para saldar las cuentas pendientes de la ida, cuando los argentinos no acertaron con el marco rival y se trajeron de la altitud de Bolivia una desventaja de tres goles. A los 19 minutos de encuentro, Scocco ya había enjugado la diferencia y la victoria de los millonarios se percibía como inevitable.

En realidad, con el primer gol se tendrían que haber cerrado las casas de apuestas. El delantero corrió una pelota larga entre dos centrales: al primero, con cuerpo de futbolista retirado hace diez años, sacó tres metros de ventaja en una carrera de cinco; al segundo le tiró un caño cuando se pasaba de frenada; al portero lo dejó gateando.

Nacho Scocco embocó remates de todo tipo, aunque el gol más memorable correspondió a Enzo Pérez. El centrocampista recogió el balón en la frontal del área de River después de una falta lateral botada por Wilstermann (tal vez el único plano televisivo en el que se pudo comprobar que Germán Lux había sido alineado y ocupaba la portería de los franjirrojos). Desde ahí trazó una línea recta y recorrió todo el campo con la pelota pegada al pie, los centrales bolivianos abriéndose a su paso como se abrían ante Moisés las aguas del Mar Rojo. Pérez podría haber regalado el gol a cualquiera de los dos compañeros que lo acompañaban libres de marca. Daba lo mismo. El portero ya estaba vencido, así que el ex-Valencia se regaló a sí mismo un gol de 100 metros.

A cada nuevo gol, una figura roja botaba en la banda del Monumental. Era el Muñeco Gallardo embutido en un anorak, feliz por superar el envite. Feliz por haber encontrado el recambio que necesitaba en el delantero que batió el récord histórico de tantos anotados por un jugador de River en un partido de la Libertadores. Scocco, que empezó y volvió dos veces a Newell’s, que probó en Europa (AEK de Atenas y Sunderland), que tiene 32 años, se ha postulado para mandar a Lucas Alario al olvido.

Alario, ocho años más joven, mucho más caro (18 millones de euros; uno de los diez traspasos más caros del fútbol argentino), se marchó al Bayer 04 Leverkusen sobre la bocina del mercado de fichajes. Se fue para no jugar, al menos hasta ahora, porque desde River, contrariados y olvidadizos a propósito, demoraron el transfer del futbolista que, por fin podrá debutar este fin de semana en la Bundesliga.

A Gallardo ya no le importa. Tiene a Scocco para enfrentarse a Lanús en las semifinales del gran trofeo americano.

 

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