Puede que no haya en el mundo dos estrellas futbolísticas de la pasada década más alejadas EN TODO (orígenes, gestión de la fortuna, amistades, religión) que Kaká y Adriano. Uno, paradigma del niño bien criado primero en las bondades de Brasília y después acunado en el São Paulo (un equipo al que sus rivales locales les apodan Bambis). El otro, paradigma del «uno puede salir de la favela, pero la favela no sale de uno», enganchado al modo de vida de su humilde barrio carioca, incapaz de aprovechar el don que Dios le dio. Adriano y Kaká, sin embargo, tienen algo en común: esa incapacidad que parecen tener las grandes estrellas brasileñas para poner fin a sus carreras de una manera digna.

¿Por qué les costará tanto? Sirva esto (para los despistados) para anunciaros que Adriano sigue pensando que es un futbolista y que Kaká amenaza con volver al São Paulo para hacer no se sabe muy bien qué a estas alturas de la vida. El delantero que fascinó al mundo con el Inter de Milán y después protagonizó una espiral austodestructiva llena de amistades sospechosas, fotos con armas, litros y litros de cerveza y funk de favela (un género musical horripilante), siempre da titulares a la prensa brasileña por su vida personal (o su tremebundo nuevo look).

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Imperador retocou o visual hoje …

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Pero ahora amenaza con un nuevo regreso a los campos. A sus 35 años, Adriano lleva jugados apenas 20 partidos en los últimos 7. El Emperador ha desperdiciado años y años de carrera porque, a pesar de sus evidentes fiascos cuando intentó volver a Italia en la Roma y en su último y nada sorprendentemente catastrófico viaje a Miami para jugar dos partidos en la Segunda división yanqui, Adriano hubiera podido ser determinante en Brasil. Como lo fue en Flamengo en su última etapa como futbolista de verdad. «Sé que no logré completar realmente mi carrera por completo, pasaron cosas que me alejaron del fútbol. Puedo decirlo ahora, mi carrera se quedó a medias», reconoce en una entrevista en la que anuncia que volverá a entrenar «para ver lo que pasa».

El regreso de Adriano no sorprenderá a nadie en un fútbol brasileño donde jugadores muy inferiores en su calidad (Jô, Ricardo Oliveira, Fred) siguen siendo determinantes. Aparecerá alguien que le dé un contrato y quiera aprovecharse de los titulares que reportará. Alimentando el desequilibrio de una cabeza que nunca asumió los rigores de la súper élite. El gran delantero llamado a marcar la época en Brasil y coger el relevo de Ronaldo para llevar a la canarinha hacia un nuevo Mundial se arrastra ahora por un hueco en los equivalentes brasileños de TMZ.

No es el caso de Kaká, que a pesar de descubrir en Orlando que las tentaciones de la carne eran mayores de lo que decían su inseparable Biblia (el divorcio y sus nuevos amoríos sorprendieron casi tanto como un día su talento en el campo), tiene la vida solucionada para varias generaciones. En las últimas horas, Kaká ha anunciado que no seguirá en el equipo de la MLS de Florida, y a sus 35 años (la misma edad que Adriano) dice que «el cuerpo empieza a resentirse» y que termina los partidos «con dolor». En Estados Unidos pasó tres temporadas en el estado que se ha convertido en segunda residencia de la clase alta brasileña. Así que entre el sol, la playa, Disney World y unos pocos partidos de fútbol (70 en tres temporadas), Kaká ha vivido como en casa extendiendo de manera intrascendente su carrera.

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Lion Nation #thankful #gameday

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Durante uno de los parones de la MLS, Kaká ya se vistió con la camiseta de su São Paulo del corazón, con 19 partidos y sólo 2 goles. Eso fue en el 2015. Ahora amenaza con volver al equipo paulista, que las está pasando canutas para amarrar la permanencia en el Brasileirão. ¿Qué puede buscar a estas alturas Kaká en competir en la Serie A de su país? ¿Qué mueven a estos futbolistas a extender de manera innecesaria carreras brillantes? Pasó como Romario, con Bebeto, con Rivaldo… Ronaldo le puso fin por imposibilidad física. Ronaldinho dijo basta pero antes ganó una Libertadores con Atlético Mineiro, y siendo clave. Los regresos de Kaká y Adriano son casi una burla a lo que fueron.

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