Uruguay es un milagro futbolístico con una selección que compite al máximo nivel mundial con una población de 3,6 millones. Su capacidad para sacar generaciones y generaciones de futbolistas es casi única en el mundo. Casi tanto como la capacidad que tienen los jugadores de movilizar a su federación, su asociación de futbolistas y, en general, todo lo relaciono con el balompié charrúa. Y estos días se vive el mejor ejemplo: los futbolistas uruguayos han paralizado la competición en su país por un conflicto agrio con la Mutual, el sindicato de jugadores.

Un grupo de futbolistas bajo la asociación Más Unidos que Nunca ha decidido suspender la actividad en Uruguay hasta que la directiva de la Mutual dimita. “Los jugadores profesionales del medio local no participaremos en los torneos oficiales que se encuentran en disputa hasta tanto no se lleve a cabo la asamblea extraordinaria requerida y se cumpla lo allí resuelto democráticamente”, dijeron los jugadores en un comunicado. El fútbol uruguayo vive una situación de crisis económica de la que no se libra ni Peñarol, cuyos jugadores pasaron meses sin cobrar.

Preso por empresas que lo gestionan a su beneficio como Tenfield o de empresarios que se cronifican a varios niveles como Paco Casal y ahora el exfutbolista Daniel Fonseca, los jugadores creen que sus derechos de imagen se pierden y los clubes no reciben lo que deben por la televisión. Y ahí también entra, al fondo, la selección uruguaya, la guinda del en general pobre pastel charrúa. Los propios jugadores de la selección liderados por Lugano y Godín llevaron a la federación una propuesta de Nike para vestir a Uruguay. La AUF lo rechazó.

Algunos creen que la actual maniobra de los futbolistas está manipulada por los jugadores de la selección, que quieren colocar a alguien en la Mutual. Al mismo tiempo, Uruguay quiere que los partidos de la selección pasen a ser de interés público y emitidos en abierto, renunciando a contratos privados que son la principal fuente de ingresos del fútbol nacional. Por si fuera poco, hay voces que piden que Tenfield deje de explotar las retransmisiones locales y que el gigante español Mediapro evalúe cuánto vale de verdad el fútbol uruguayo. Mientras, los futbolistas (o al menos un buen grupo de ellos) se plantan pidiendo que las miradas del negocio se posen en ellos.

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