El club de barrio más grande del mundo, como le gusta decir a su afición, vive hoy la alegría más grande del mundo. El Club Atlético Lanús es finalista de la Copa Libertadores contra toda lógica. Porque en la semifinal de rivales argentinos, River Plate llegaba desde la capital de la provincia bonaerense para visitar a la pequeña ciudad del sur con un 1-0 de ventaja obtenido en el encuentro de ida. Porque los millonarios tenían el aura, el recuerdo fresco del título de 2015 y tenían, sobre todo, un 0-2 en el marcador a los 22 minutos de partido. A todo eso se impuso, en la noche más feliz de su historia, Lanús.

Parecía que La Fortaleza, como se conoce al estadio de los granate, había sido derribada, cuando, como siempre en esta Libertadores que parecía tener su nombre grabado en oro, Ignacio Scocco anotaba de penalti el primer gol para los visitantes. Cinco minutos después era Montiel quien parecía sentenciar la eliminatoria. Para entonces Pepe Sand, el ídolo local, aun no había hablado. El veterano ariete de 37 años aguardó al momento apropiado. No contento con hacer uno de los llamados “goles psicológicos”, anotó dos.

Se apagaba el primer tiempo cuando se encontraron dos hombres que se sucedieron en el vestuario del Deportivo de La Coruña. Sand tuvo un paso fugaz y olvidable por el equipo gallego. En el mismo verano en el que se marchó llegó Germán Lux a la portería de Riazor, donde se asentó hasta su retorno a Argentina. Anoche sí coincidieron, para desgracia del portero. Pepe Sand lo batió en la última acción del primer tiempo. Repitió nada más comenzar la segunda parte.

Los de la capital pudieron intuir entonces lo que se les venía encima porque aún faltaba por aparecer el otro gran referente de Lanús. Lautaro Acosta, el Laucha, igualaba la eliminatoria en el minuto 61. Y entonces sí apareció el último gran protagonista de la semifinal: el VAR.

El árbitro del encuentro acudió a consultar el sistema de vídeo para discernir qué había ocurrido en un empujón de Montiel a Pasquini en el área visitante en el minuto 66. Al ver la repetición señaló el penalti que le había dejado dudas en directo. Alejandro Silva anotó el 4-2.

Para entonces River Plate ya no podía rebobinar la desgracia. Una posible mano de Marcone en el área de Lanús en el primer tiempo no había sido repetida por el árbitro en el VAR y a los millonarios no les quedaba otro argumento que jugársela en vivo. Para entonces La Fortaleza ya se había recompuesto. Con media hora por delante el marcador no se movió más.

A los del Muñeco Gallardo se les escapa el sueño del triplete y tendrán que sacudirse la memoria de la ventaja dilapidada porque el domingo arriba al Monumental su némesis, Boca Juniors, con las chanzas preparadas.

A Lanús se le prolonga el éxito. Campeones de la Copa Sudamericana en 2013, y de Liga, Supercopa y Copa Bicentenario en 2016, ahora esperan culminar su ascenso hasta el puesto de mejor equipo de América. Esperan en la final a Gremio de Porto Alegre, aunque su gesta pueda dar aliento a las pocas esperanzas de Barcelona de Guayaquil para el encuentro que decide la otra semifinal. Los brasileños ganaron 0-3 en Ecuador. Pero todo es posible. Que se lo digan al club de barrio más grande del mundo.

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