Hace un año, el avión que llevaba a la Chapecoense a Medellín para medirse a Atlético Nacional en la final de la Copa Sudamericana se estrellaba en Cerro Gordo, suelo colombiano, causando la muerte de 71 personas, la mayoría jugadores y personal del modesto club de Santa Catarina (sur de Brasil). También periodistas que seguían el histórico momento de la Chape, y por supuesto tripulación del avión de compañía boliviana. 365 días han pasado de una tragedia aérea que conmovió a todo el mundo del fútbol. Ahora, la Chapecoense sigue luchando por sus objetivos deportivos como si nada hubiera pasado, pero a su alrededor el amargor rodea los actos de conmemoración y homenaje.

Hay muchas heridas abiertas en este tipo de sucesos cuando no se puede identificar al culpable y exigirle compensaciones. Es el caso de los familiares de los muertos en el avión de la Chapecoense. Los testimonios son duros y en algún caso crueles. “Mucha gente y el club ganaron dinero con la tragedia, mientras nosotros, los familiares de las víctimas, fuimos arrinconados. Nos han olvidado“, dijo a El País el padre del defensa Filipe. “De mi marido recibí su móvil y su cartera vacía, saquearon a los cadáveres pero luego se fingía una falsa imagen de solidaridad», narró a El Mundo Mara de Paiva, viuda de un periodista que viajaba en el avión de la Chape y vicepresidenta de la asociación de víctimas. La sospechas de que les están robando y el recelo a algunos países vecinos son síntomas muy brasileños, pero los familiares de los fallecidos tienen motivos para cabrearse. Y los boatos y homenajes de estos días, lejos de ayudarles, probablemente ayuden a aumentar su dolor.

Las familias de los 19 jugadores fueron indemnizadas con 28 sueldos de cada fallecido gracias a un seguro de la CBF. El problema son el resto, desde empleados del club a periodistas y tripulación. La asociación de víctimas reclama a la compañía aérea 21 millones de euros. La aseguradora se niega a pagarlos: aduce que el accidente fue un error de cálculo de combustible del piloto y, además, tiene fácil dispersar el proceso judicial porque nadie dice saber a quién pertenece LaMia, la compañía propietaria del avión.

El proceso judicial va para largo mientras la Chapecoense intenta seguir con su vida deportiva. Con una estructura casi nueva del todo, el equipo pasó por dificultades esta temporada: eliminada de la Libertadores por alineación irregular, la Chape despidió a dos entrenadores pero a falta de una jornada para terminar el Brasileirão, si gana puede lograr el pase a la fase previa de la gran competición sudamericana. Todo con Alan Ruschel, superviviente del accidente, en el equipo y con Neto a punto de volver. El fútbol y su maquinaria imparable sigue su curso incluso para la Chape, obligada a no mirar atrás para continuar con su vida.

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