La tercera para el tricolor. Gremio de Porto Alegre esperó más de 20 años para volver a alzar la Copa Libertadores y añadirla a la vitrina en la que guarda los trofeos de 1983 y 1995. La espera mereció la pena porque el cielo estrellado que contemplaba a los campeones brasileños era argentino. Esa, la de imponerse en territorio del gran país rival de la América futbolística, es una satisfacción impagable. Del mismo modo, la pena para el equipo local, Lanús, es inconsolable. El defensa José Luis Gómez, que tiene solo 24 años de edad, que es internacional con la albiceleste, piensa en dejar el fútbol. Cometió un error fatal que abrió el camino del triunfo visitante (1-2 en el marcador final) y se le está cayendo el mundo encima. Pero el triunfo de Gremio tiene muchas otras explicaciones.

Lanús debía remontar el 1-0 que los de Renato Gaúcho habían logrado en Brasil. Para ello contaban con el aliento de su grada en La Fortaleza y el recuerdo de las remontadas logradas en las rondas anteriores ante San Lorenzo y River Plate. Tal vez no contaban con el descaro de Gremio.

Los brasileños se hicieron con el balón desde el inicio, comandados por Arthur, el futbolista por el que el Barcelona ha enviado a Robert Fernández a Brasil. Y cuando no lo tenían, lo robaban. Al pobre Gómez le birló la pelota Fernandinho en el centro del campo. El brasileño se escapó como una centella, corrió media cancha sin que nadie lo alcanzase y batió de manera inapelable a Andrada. Su chutazo resonó como una bofetada.

Entonces fue el turno de Luan, el media punta cuyo nombre va a copar portadas de la prensa europea durante el mercado de invierno. Con los granate desesperados, su zaga adelantada casi hasta campo rival, cada recuperación de Gremio era una oportunidad para la fantasía del atacante de 24 años. Refrendó su candidatura como jugador americano del año haciendo un nudo a los centrales argentinos. El narrador de Fox ya cantaba el gol antes de que Luan definiese con una vaselina de súperclase para atar el encuentro y el título.

A Lanús le quedaba medio partido para hacer lo que no pudo en partido y medio. Encontró por fin en la segunda parte las vías hacia Pepe Sand y Lautaro Acosta, pero aun así debía superar un último obstáculo, el del portero portoalegrense Marcelo Grohe, único jugador capaz de opositar al MVP del torneo que finalmente fue para Luan. Grohe, que ya había sido fundamental en el encuentro de ida, solo cedió ante un penalti. Lo anotó Sand en el minuto 74. En el 83 Gremio se quedó con diez futbolistas por expulsión de Ramiro Benetti. Pero ya daba igual. Eran minutos demasiado tardíos para que algo cambiase.

La hinchada de La Fortaleza aplaudió el esfuerzo del equipo local, mientras los aficionados de River, agraviados por su derrota en semifinales, acudían a las redes a mofarse de Lanús. Tal vez no repararon en que Gremio de Porto Alegre ya tiene tantas Libertadores como los millonarios. Y en que Brasil se acerca a Argentina en esa rivalidad que nunca cesa, con 18 títulos para equipos del primer país, y 24 (siete de ellos de Independiente de Avellaneda) para los del segundo.

No Hay Más Artículos