Grêmio de Porto Alegre es el primer finalista del Mundial de Clubes, cumpliendo los pronósticos de eliminar al Pachuca mexicano, pero sufriendo más de lo esperado (1-0 y gol en la prórroga), sobre todo por la prensa brasileña. Pero el torneo que corona al mejor equipo del mundo es traicionero, sobre todo para los equipos americanos, que llegan con la lengua de fuera. Y el Grêmio, aunque acabó más entero que su rival, lo acusó. A pesar de todo, el gol de Everton cumplió la misión, y ahora el equipo gaúcho espera al Real Madrid (salvo catástrofe blanca en la otra semifinal).

El favorito era Grêmio, flamante y reciente campeón de la Libertadores, pero Pachuca plantó cara. A pesar del esfuerzo de los Tuzos en el partido ante los marroquíes del Casablanca, y del pobre juego para el escueto 1-0, el equipo brasileño no fue capaz de meterle mano a los mexicanos. Echando de menos al cotizado Arthur en el inicio de la jugada y con Luan vigiladísimo por el duro Joaquín Martínez (una especie de Gattuso azteca), no encontraba ese fútbol de toque y calidad que promueve Renato Gaúcho. El muy confiado técnico e ídolo del Grêmio (campeón de la Intercontinental en 1983 con el club) presumió de que, en un Brasileirão corto de calidad, su equipo es el que más honra hace al jogo bonito.

Pero el Pachuca le supo disputar la pelota porque tiene dos futbolistas, Urreta y Honda, con calidad en el centro del campo. O al menos para un rato. El uruguayo, de discretísimo paso por Portugal y España, fue intermitente y pocas veces culminó sus acciones, pero puso algún buen centro e hilvanó desde la banda derecha. Cortez evitó dos claras llegadas de Honda en el área de Grêmio y, mientras le duró el fuelle, dio salida limpia al juego de Pachuca. Pero los mexicanos, castigados por la prórroga ante Casablanca y de calidad física inferior en cada duelo individual con Grêmio, se fueron alejando cada vez más de la portería brasileña.

En el segundo acto, Renato introdujo en el campo a Everton, retiró al sustituto de Arthur en el centro del campo y Grêmio creció en el segundo tiempo, con Luan (la gran estrella del equipo, mejor jugador de la última Libertadores) cada vez más participativo. Probó al portero rival por primera vez a los 60 minutos, y aunque no tuvo ocasiones clarísimas, fue acercándose al gol por inercia. Acabó llegando al poco de arrancar la prórroga, con un saque de banda que sorprendió a Pachuca y Everton exprimió su rapidez en la banda. Desbordó a su par y coló un disparo inalcanzable para Conejo Pérez. “La verdad que se hizo un gran esfuerzo, peleamos de tú a tú, ellos en una la concretaron y esa fue la diferencia, una jugada individual ellos hacen la diferencia”, dijo el portero, de 44 años, apenas 1.70 metros de altura y aparente sobrepeso. Quizás Grêmio, como demostró el gol de Everton, debió probar más veces a un portero que parecía lejos del máximo nivel.

No fue un triunfo convincente el de Grêmio, pero lo necesario para lograr el objetivo: que sea el Real Madrid el que te gane si tienes que perder en el Mundial de Clubes. “Hay muchos pensando que ya cumplimos y lo que viene es bonus. No pienso así. Soy campeón del mundo. y voy a trabajar con este grupo para ser campeón“, presumió Renato, el mismo que dijo que fue mejor que Cristiano. La autoestima del técnico es una de las bazas que tiene el muy castigado Grêmio para intentar frenar al Real Madrid.

No Hay Más Artículos