Para el telespectador español, Sebastián Abreu es una figura de leyenda, uno de los nombres que lo conecta con la época en la que las cadenas de televisión asumieron que el fútbol era un producto de entretenimiento global. Por la boca del aficionado corriente comenzaron a aparecer nombres como los de Éric Cantona o Matt Le Tissier, cuyas hazañas se nos ofrecían en pequeñas píldoras de vídeo, apenas unos segundos con sus mejores jugadas. En el reverso de aquellos futbolistas apareció El Loco Abreu que hizo de su no gol un fenómeno viral antes de que supiésemos que las noticias podían ser virales.

El gol de Abreu, inmortalizado por un narrador pletórico de reflejos, supuso el aldabonazo para el inaudito periplo del delantero uruguayo. Una trayectoria, de equipo en equipo, de país en país, que culmina esta semana con un récord Guinness. El ariete, de 41 años, acaba de anunciar que comenzará 2018 jugando en el Audax Italiano, un equipo chileno que hace el número 26 en su currículum. Ningún otro futbolista ha vestido tantas camisetas como él, que hace tiempo dejó de ser un chiste para convertirse en un personaje singular del balompié internacional.

Cuando falló aquel remate, Abreu era una joven promesa que San Lorenzo de Almagro había fichado del Defensor Uruguayo. Pese a esa pobre carta de presentación, Augusto César Lendoiro apostó por él como refuerzo de invierno para el Deportivo de La Coruña, en plena fase de transición entre equipo revelación del fútbol español hacia escuadra campeona que se convertiría en habitual de la escena europea. Era 1998. Abreu duró poco en A Coruña (jugó 18 partidos y anotó cuatro goles), pero volvería a España en 2009 para militar en la Real Sociedad de la mano de Juanma Lillo, que lo había entrenado en México. Marcó 11 tantos para los txuriurdin en media campaña en Segunda División.

Además, en su pasaporte figuran algunos de los más granados vestuarios del fútbol de América: River Plate y Rosario Central en Argentina, Gremio y Botafogo en Brasil, y casi media liga mexicana (Cruz Azul, América, Tigres, Dorados, Monterrey…). Esos son solo un puñado de los escudos que defendió, aunque es el de Nacional de Montevideo el que va a quedar asociado a su carrera como jugador de club.

Además, con la camiseta celeste de Uruguay disputó dos Copas del Mundo (formó parte de la escuadra semifinalista en Sudáfrica 2010) y tres Copas América, levantando el trofeo de campeón en 2011.

Así que la página que Sebastián Abreu dejará escrita en el fútbol es mucho más que la anécdota de haber jugado en 26 clubes. Aunque su anécdota sea la más grande conocida.