André-Pierre Gignac rompió moldes al irse a México en el verano del 2015. El corpulento delantero francés estaba en la cresta de la ola, más de 20 goles para el Olympique de Marsella, pero eligió irse al Tigres en un movimiento tenido como excéntrico. Varias temporadas después, algún título y trofeos de máximo goleador en el bolsillo, Gignac se deja seducir por la posibilidad de, a los 32 años, regresar a Europa para ver si es capaz de volver a rendir al primer nivel. El Besiktas, un especialista en recoger veteranos ilustres sin sito en los grandes continentales, llama a la puerta de un delantero que se saltó la norma.

Cuando Gignac hizo las maletas hacia el fútbol mexicano, todo parecía una película. Tigres contrataba al goleador francés, pichichi de la Ligue 1 con el Touluse unos años antes, para jugar las semifinales de la Libertadores. Le funcionó para superar a Inter de Porto Alegre (gol del delantero galo en la vuelta), pero no a River Plate en la gran final americana. Podría haber quedado la cosa ahí, pero no: Gignac siguió en el equipo de Monterrey, levantó tres trofeos de campeón, fue máximo goleador y mejor goleador del campeonato azteca, e hizo hasta el momento 67 goles a pesar de un menor rendimiento en el último año.

Un delantero de ese calibre, 36 veces internacional con Francia, en plenitud de esa carrera, buscó una buena ficha en México cuando su carrera apuntaba a la Champions League, quizás a liderar un equipo candidato a vencer la Europa League. Pero se asentó en México, fue desequilibrante y sólo lamenta no haber podido ganar la Libertadores. Ahora, a Gignac le queda media año de contrato en Tigres, y las ofertas se acumulan en su puerta. Mientras en Marsella lloran por él al compararlo con Mitroglou, el Besiktas quiere aplicarle el mismo reconstituyente que a Pepe, Quaresma, Ryan Babel o Negredo.

En América también le salen novias a Gignac. La última bastante ilustre. Boca Juniors lleva un año dándole vuelta al asunto Tévez, y la prensa local asegura que la otra opción es atraer al delantero galo a La Bombonera, un lugar que admira, un ambiente que le motiva, quien sabe si el lugar donde perseguir esa Libertadores que se le resistió en Tigres y que daría el sentido último a una singular aventura al otro lado del océano de un competente delantero europeo en su plenitud deportiva.

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