La Copa Libertadores mantiene una magia especial como el gran torneo de América. Es posible aún ver grandes sorpresas, los pronósticos son llamadas a equivocarse y los aficionados se toman con gran orgullo la posibilidad de que su equipo mande en el continente y atribuirse cierta superioridad moral por seguir jugando el fútbol de verdad, menos mercantilizado que el europeo y lejos de la artificialidad que atribuyen a los vecinos del norte. Ese espíritu, mezclado con otras cuestiones más prácticas del día a día, hacen que las redes sociales no se hayan tomado muy bien el anuncio hecho por la Conmebol de que la gran final de la Libertadores pasará a disputarse a partido único y en campo neutral a partir del 2019.

“A partir del 2019, la Libertadores se definirá en una apasionante final única, transmitida en un horario estelar desde un campo elegido con antelación. Más que un partido, este será un gran evento deportivo, cultural y turístico que traerá grandes beneficios para el fútbol sudamericano, sus clubes y sus aficionados”, anuncia el comunicado oficial de la principal agrupación de federaciones americanas. El primer escenario se rumorea que será Lima. La decisión parece querer equiparar la final del gran torneo futbolístico de América con la Champions League europea. Y eso no parece gustar al aficionado que reclama la mayor autenticidad del fútbol en su continente.

Para empezar, eliminar el ida y vuelta de la gran final aleja a los seguidores de uno de los partidos de su vida, y les obliga a un viaje que puede ser de miles de kilómetros, sin entradas garantizadas y a un coste que muchos no pueden asumir. Por no hablar de que las conexiones de algunas ciudades con otras de América del Sur no son ni todo lo frecuentes que deberían ser ni todo lo rápidas, por lo que muchos aficionados temen tener que hacer un esfuerzo mayor aún para acudir. ¿Cuál es la garantía, por ejemplo, de que si Cerro Porteño llega a la final contra Atlético Nacional de Medellín y el partido se juega en el Monumental de Buenos Aires, ese estadio esté lleno como demanda la ocasión? Escasa.

Además, el aficionado americano piensa en que la extenuante temporada de la Libertadores acabará a finales de noviembre y ya en diciembre es el Mundial de Clubes, por lo que obligas al seguidor fanático a dos grandes viajes en apenas un mes para lo que a lo mejor no está dispuesta a pagar. Al menos, los que no sean ricos. Y el dinero siempre aparece de fondo en estos debates, con la intención de la Conmebol de convertir la final de la Libertadores en un gran evento mediático para mayor repercusión internacional en los derechos de televisión chocando con la vieja escuela del seguidor local. La compensación anunciada a los clubes de dos millones de dólares más el 25% de la taquilla de la final parece una broma. Por no hablar del miedo que ha surgido a que el torneo se haga global hacia el norte y acabe fagocitando la esencia de la Libertadores. Hasta la final del 2019 aún queda mucho tiempo para debatirlo.

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