El campeonato Paulista es, probablemente, el más potente de los torneos estatales de Brasil que entretienen al público local hasta que arranque el Brasileirão. Y los clásicos se suceden una jornada tras otra. Este domingo, Santos y Corinthians disputaron uno lleno de tensión: un tiempo para cada equipo, un apagón que destapa las más que evidentes vergüenzas del vetusto Pacaembu, y, por desgracia, un ingrediente que no suele fallar, una muerte. El partido terminó en empate, un resultado que copa casi más titulares en Brasil que la enésima muerte relacionada con la violencia antes de los partidos. 

Lo curioso del asunto es que la justicia de São Paulo ha decidido hace tiempo que en este tipo de partidos no haya afición visitante. El Pacaeumbu, una instalación de años superados por la modernidad, es una instalación municipal que sirve de refugio para este tipo de partidos, y los aficionados del Santos eran los titulares para ocuparlos. Sólo que camino del estadio, torcedores del equipo que encumbró Pelé  dicen que se encontraron con una emboscada de otros seguidores del Corinthians. Hubo una veintena de detenidos, un coche calcinado, una moto destrozada y, principalmente, un muerto, un corinthiano de 31 años. En el 2017, fallecieron al menos 11 personas en actos de violencia relacionados con el fútbol, con otras dos muertes sin atribuir. La última victima fue en otro clásico paulista, entre Corinthians y Palmeiras.

El partido entre Santos y Corinthians iba a quedar como el partido del apagón en Pacaembu, con el alcalde de la megalópolis brasileña, João Doria, presente en el recinto. Tardó 50 minutos en solucionarse la avería. Cuando se pudo jugar, el Corinthians, el campeón de Brasil, evidenció los problemas que tiene en ataque, todavía sin encontrar el delantero centro de garantías que reemplace la ausencia de Jô. Acertó el gol de René Junior y falló varias ocasiones claras para ampliar su ventaja en el marcador. El Santos es un equipo mucho más limitado en lo económico y en lo talentoso, pero en la segunda parte se rehízo y aprovechó la tendencia del Timão a escaquearse con ventajas en el marcador. 

Así que en el último suspiro, el Peixe encontró un empate que le sabe a triunfo. Huérfano de Gabigol, el delantero que ha regresado con éxito al fútbol brasileño tras su fracaso en Europa, fue el joven Diogo Vitor el que cazó el gol de la igualada. A Diogo Vitor la prensa local le quiso encumbrar como el nuevo menino da Vila, otro producto de la cantera del Santos como Diego Ribas, Neymar, Coutinho y tantos otros. Pero el chico salió muy disciplente.

Diego Vitor lleva dos años llamando a la puerta del primer equipo, pero en el 2016 adujo un dolor de muelas para estar 4 meses sin entrenarse. Cuando se reincorporó, se saltó una sesión de trabajo y el club le apartó al filial. A los dos meses, mandó una foto a su entrenador y dijo que tenía conjuntivitis. En el cambio de año, pasó 3 meses lejos del Santos por problemas personales, adujo. En definitiva, un año perdido. Ahora, de la mano de Jair Ventura, hijo del mítico Jairzinho, parece haber recuperado la senda. Un gol al Corinthians puede ser el trampolín definitivo u otra excusa para perderse en São Paulo.

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