Después de consumar el triunfo de River Plate en la Supercopa argentina, un duelo calificado de histórico por el nada hiperbólico (nótese la ironía) mundo del fútbol del país sudamericano porque nunca antes se habían medido los Millonarios con Boca Juniors en la decisión del torneo de nuevo cuño, el entrenador Marcelo Gallardo dio la clave de la victoria de su equipo sobre el eterno rival: “Debo sincerarme: jugar mal estos dos meses fue parte de la estrategia. Si ellos se dejaban llevar por lo que veían, claramente no sabían a qué jugábamos”. La prensa argentina destaca la ironía y la pulla tirada a Boca, pero en el fondo el Muñeco tiene razón: River venía jugando mal y ante el grupo de Schelotto reforzo su autoestima después de perder toda opción en la liga.

El claro 2-0 que dio a River Plate el título de la Supercopa pilló a más de uno con el pie cambiado. En Argentina la prensa no tiene problemas en señalarse partidaria de un lado o de otro, y los que van con Boca Juniors están furiosos con el gemelo Schelotto por no saber leer la nueva cara de River y, sobre todo, con Carlos Tévez, que no pudo hacer mucho para evitar la clara derrota ante un rival al que doblan en puntos en la liga argentina, un torneo que salvo debacle se llevarán los chicos de la Bombonera, Siguiendo esa tendencia, los aficionados de Boca saboreaban un nuevo título y ante el vecino más molesto, en una final directa. Nada salió como planeaban.

No es que River fuera terriblemente superior, porque el portero Franco Armani (que despejó al veterano regresado a casa Germán Lux al banquillo) fue el mejor del partido para los Millonarios. Sus paradas sostuvieron al equipo de Gallardo cuando Boca reaccionó de manera convincente al gol inicial de Pity Martínez de penalti. Luego sentenciaría Nacho Scocco, el mejor jugador de River la temporada pasada pero que estaba relegado al banco porque, como el resto de su equipo, no estaba dando el nivel. El mediapunta respondió con un buen tanto para sentenciar a un Boca que ya en el segundo tiempo se quedó sin demasiadas ideas. 

A Boca Juniors no le convenció el penalti señalado en contra ni otro que cree que le escamotearon a favor. Pero menos le convenció perder un partido ante River Plate cuando veían al enconado antagonista en el peor momento en liga desde aquel nefasto descenso a la B, convertido ya en chiste recurrente para los aficionados de la Bombonera. “La verdad, no nos llegaron nunca. Cuando mejor estábamos, nos meten la contra en el segundo gol. La verdad, fue un partido raro”, se quedaba sin palabras Guillermo Barros Schelotto, que ahora tendrá que ganar sí o sí la liga y sin sobresaltos para que la temporada que iba sobre ruedas no encuentre baches insospechados.