Bradley Wright-Phillips acabó el partido con una tarjeta amarilla. Y eso que aunque se había sacado la camiseta, en realidad no se había quedado sin camiseta. Lo traía todo preparado desde el vestuario y la fortuna le sonrió pronto. En el minuto 2 de partido un compañero le envió un pase magnífico y él, con esa tranquilidad que da la veteranía, se paró en el área y chutó al palo corto, entre las piernas de un defensor y bajo la manopla del portero. Acto seguido corrió a celebrar el tanto y, pareciendo que se iba a desnudar, hizo solo un cambio de vestuario, como las folclóricas. Se despojó de su uniforme con el número 99 y bajo él apareció otro con el número 100, exactamente la cifra de goles que acababa de alcanzar en la MLS.

El árbitro no le permitió quedarse con ese nuevo dorsal, pero a cambio de la tarjeta el delantero inglés se hizo con una de las imágenes virales del día. Además, su madrugador gol fue decisivo para la victoria de los New York Red Bulls sobre el D. C. United. El marcador ya no se movería más, ni siquiera con la entrada de otro brit en las filas del equipo capitalino, Wayne Rooney.

Pese a tener frente a él al máximo goleador histórico de la selección inglesa, Wright-Phillips estaba dispuesto a ser protagonista con su propia marca anotadora: es el futbolista que más rápidamente llega a la centena de tantos en las 23 temporadas de vida de la MLS. Precisó 159 partidos, todos ellos con la camiseta de los Toros Rojos, para lograrlo. Bradley, a sus 33 años, reclamaba así también un lugar destacado en una de las grandes sagas futboleras del país inventor del juego. 

Y es que el molde de delantero lo sacó de su padre, Ian Wright, una leyenda de la Premier League que anotó 387 goles en siete clubes escoceses e ingleses, aunque siempre se recordarán sus celebraciones con el Arsenal de los años 90. Ian, que ahora es un popular comentarista televisivo, fue 33 veces internacional con los Pross. Uno de sus hijos, Shaun, lo superó con 36 apariciones luciendo el escudo de los tres leones. El veloz extremo fue figura destacada del Manchester City y el Chelsea antes de saltar también a Estados Unidos para jugar con su hermano Bradley en Nueva York. 

Los dos comparten apellidos, aunque no exactamente los mismos genes. Shaun fue adoptado por Ian Wright cuando este comenzó una relación con su madre Sharon. La pareja engendró después a Bradley. Pero aunque el mayor de los hermanos ya se ha retirado y el pequeño enfila la recta final de su carrera, la centena de goles en la MLS no parece ni mucho menos el último hito futbolístico de la familia. D’Margio Wright-Phillips, el hijo de Shaun, es un talento de la academia del Manchester City que ya ha vestido la camiseta juvenil de la selección de Inglaterra. La historia continúa. 

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