Si Justin Gatlin fuera un personaje de Juego de Tronos, sería Jamie Lannister. No creo que el nuevo campeón del mundo de los 100 metros lisos celebrase su título en Londres teniendo relaciones sexuales con su hermana. Pero sí que se ha ganado el apodo de Matarreyes, justo en el día de la despedida del más grande de los velocistas. Usain Bolt perdió su corona a manos de un vencedor que hace aún más incómodo todavía el episodio de la transición en busca de un nuevo monarca. Porque aunque Gatlin haya pasado su período de expiación para recuperar su honor sin perder una extremidad por el camino (también que sepamos), como Jamie, el verlo subido en lo alto del podio de la prueba estrella del atletismo «no es el guión perfecto».

Con esa flema resumió la situación Sebastian Coe, presidente de la IAAF, para resumir el sentir del oficialismo. Justin Gatlin es oro mundial por segunda vez tras cumplir no sólo una, sino dos sanciones por dopaje en su carrera. La primera de ellas, por un medicamento muy común entre atletas estadounidenses, para tratar su hiperactividad como adolescentes. La segunda, mucho más grave, por usar anabolizantes en el punto más alto de su carrera. Ésta última le costó quedar apartado del atletismo durante más de 4 años.

Desde entonces, Gatlin ha vuelto y allá donde va carga sobre sus espaldas con el estigma del dopado. ¿Es justo seguir señalando a Gatlin una vez que ha cumplido su sanción? Él lo tiene claro: cuando superó a Bolt en Londres, su primera reacción fue llevarse el dedo a la boca, mandando callar a la grada que le silba. No es fácil ser un campeón de los 100 metros impopular. La organización del Mundial se vio obligada a esconder la ceremonia de entrega de medallas para que los abucheos no se prolongasen en lo más alto del podio.

Los 100 metros es el apogeo del atletismo y casi del deporte en sí. Son apenas 9 segundos de emoción que condensan años de trabajo, detalles técnicos invisibles al ojo inexperto e incluso teorías sobre los límites de la evolución biomecánica. El mundo estaba preparado para que el vencedor último de Bolt fuera otro prodigio de la física y del deporte (Coleman y De Grasse en la pole position de la nueva generación deseando tomar el relveo), no un atleta mayor que el jamiacano con un pasado sospechoso. Atletas como el velocista español Ángel David Rodríguez defienden la redención de Gatlin, que desde su vuelta a la competición en el 2010 habrá pasado por numerosos controles, sin sobresaltos. Ante la duda, una pregunta: ¿Seguiría compitiendo Gatlin si, en vez de ser estadounidense, fuera ruso?

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