Los meses restantes del 2017 se antojan complicados para el mundo del tenis masculino. Nadal y Federer han renacido durante el primer tramo de temporada, pero los torneos venideros contarán con tantas ausencias destacadas que la ilusión se disipa. Por ejemplo, de cara al US Open, el último Grand Slam del curso, la única esperanza sería otra final entre los dos mencionados campeones. Al menos ellos sí acudirán.

No lo hará el vigente campeón del asfalto norteamericano, Stan Wawrinka, necesitado de una operación para poder volver a competir en 2018. Su caída en primera ronda de Wimbledon frente al joven ruso Medvedev ya era un aviso. Las piernas del suizo habían dicho basta.

Debido a problemas en una extremidad superior, tampoco Novak Djokovic volverá a la pista hasta el cambio de año. Al igual que Wawrinka, su errática trayectoria entre enero y julio revelaba algún incomodo físico. En los últimos tiempos había parecido indestructible. Nada que ver con su sonrojante derrota frente a Thiem en Roland Garros.

Con Wawrinka y Djokovic fuera de juego, las dudas emergen ahora sobre Andy Murray. El todavía número 1 mundial, aquejado de molestias en una cadera, es baja en Montreal y duda de cara a Cincinnati, los dos Masters 1000 previos al US Open. De hecho, a su regreso a la cancha podría haber perdido su trono ATP.

Así las cosas, en las raquetas de Nadal y Federer recaen la mayor parte de las esperanzas. Con el resto de estrellas en la enfermería y la nueva hornada de talentos que no terminan de consolidarse como relevo, el panorama del tenis masculino de aquí a diciembre es el más descafeinado que se recuerda.

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