Alessandro Andreoli se vino muy arriba. A sus 53 años, sintiéndose en un gran momento de forma, se apuntó a una prueba ciclista amateur en Brescia (Italia). Después de un par de buenos resultados que atribuyó a una mejora tras una lesión de espalda, Andreoli finalizó tercero en la prueba delante de sus vecinos. Pero los jueces sospecharon algo. Que tenía un motor en los engranajes de la bicicleta.

Un caso del temido y polémico dopaje mecánico que lleva años sobrevolando el ciclismo profesional, sólo que en una prueba de aficionados cincuentones. Andreoli pasó la vergüenza de que lo pillaran, y al parecer confesó en primera instancia. Luego quiso hacerse el duro: “Me pidieron que desmontara la bicicleta, pero me tenía que ir a una boda”. La organización de la prueba ciclista usó una cámara térmica como las que destaparon las imágenes que seguramente todo aficionado ha visto en algún periódico, y que muestran un foco de calor en el cuadro de la bici, allí donde se aloja el motorcito quee ayuda a impulsar el vehículo, al ser accionado desde el manillar.

Alessandro Andreoli adujo que compró la bicicleta durante unas vacaciones en la Toscana. Al relato del tramposo se le suman dosis de comedia italiana costumbrista con el testimonio del despechado propietario de la tienda de bicis de Brescia donde Andreoli era “un buen cliente”, pero donde no tienen justo el modelo que el bicimotorista usó para dar el pego ante su público. “Si yo iba con motor, los dos que acabaron delante de mí también”, dijo en su defensa.

El máximo organismo deportivo de Italia está de ojo en este tipo de eventos ciclistas amateurs, que están llegando a cotas de participación insospechadas. Como ocurre en España con las carreras populares y algunos triatlones y pruebas de resistencia, empiezan a darse casaos casos preocupantes de personas normales y corrientes recurriendo a productos dopantes para mejorar sus marcas. Andreoli rompió una nueva barrera de la vergüenza del deporte por el deporte.

Es el segundo caso que se confirma de uso del polémico motor eléctrico en una prueba ciclista. Después de la acusación del diario L’Equipe contra Alberto Contador, las sospechas se hicieron controles. Acabó cayendo la profesional del mountain bike Femke van den Driessche, sancionada por seis años por usar una bici trucada en el Mundial de ciclocrós del 2016. A Andreoli lo peor que le puede pasar es una multa económica y la vergüenza de no poder salir a competir con los colegas. Y para los aficionados al ciclismo siguen quedando los vídeos conspiranoicos sobre profesionales presuntamente usando un turbo boost en plena carrera.

No Hay Más Artículos