A Sergio Scariolo debió incluso movérsele algún pelo de su engominado peinado cuando vio a Sergio Llull gritar y retorcerse de dolor a los 5 minutos del primer cuarto del en principio poco trascendente amistoso contra Bélgica. Era sólo el segundo partido de preparación de cara al Eurobásket, y este detalle es el único positivo de la grave lesión de Llull, roto el cruzado de su rodilla derecha: hay tiempo para preparar un plan B, y España lo necesita urgentemente. Porque la ausencia del balear golpea a la selección donde más le duele.

Llull es el escolta más decisivo de Europa. Mejor jugador de la Euroliga y de la Liga ACB, la estrella del Real Madrid alcanzó a sus casi 30 años un nivel de autoconfianza en sus posibilidades que ha disparado su techo como anotador en momentos clave, en ocasiones hasta demasiado temerario. En Estados Unidos, el mánager general de los Houston Rockets, Daryl Morey, reconocía públicamente al periodista Bill Simmons que no entendía que Sergio Llull no hubiese aceptado las milllonarias ofertas de los Rockets para enrolarse en la NBA: “Debe vivir muy bien en Madrid”, se resignaba uno de los directivos más prestigiosos del básket estadounidense.

Todo eso es justo lo que necesitaba la selección española. Un equipo que reposa todavía en los hombros de Pau y Marc Gasol, con el mayor de los hermanos viviendo ya el tramo final de su carrera. Los otros hermanos, los Hernangómez, también cargarán el juego interior de la selección. A partir de ahí, con las limitaciones actuales de Juan Carlos Navarro y con la baja de Rudy Fernández, España echará en falta a Llull por ser el único jugador exterior capaz de decidir por sí mismo, de crearse su propio tiro, por su capacidad para improvisar desde el bote, su gusto por el lanzamiento imposible que sea capaz de desatascar el partido más complicado.

Habrá nuevas responsabilidades para jugadores como Sergio Rodríguez, Álex Abrines y Ricky Rubio (el mejor momento para demostrar su confianza labrada en el tramo final de la pasada temporada) deberán compensar el déficit de puntos y capacidad resolutiva cuando las defensas rivales previsiblemente atosiguen a los Gasol y reten al resto del equipo español a batirlos. Ninguna de las alternativas que la prensa apunta para que Scariolo enmiende el roto parece estar a la altura del reto. A finales de mes, cuando arranque el Eurobásket, la España que veremos tendrá necesariamente otra configuración para explotar aún mejor sus virtudes y esconder el déficit que deja Llull en el hospital.

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