En febrero del 2011, Robert Kubica gritó para sí: “La jodí, la jodí bien jodida”. A sus 25 años, el primer piloto polaco de la historia en ganar un Gran Premio de fórmula 1 vio su mano derecha, la que maneja el cambio, atrapada en un amasijo de hierros y un corte profundo en el antebrazo que amenazaba toda la articulación, producto del accidente con su Skoda en el Rali de Andora (Italia), una prueba que disputaba por placer. Católico ferviente como muchos de sus compatriotas, no pudo ni siquiera maldecir a San Sebastián, titular de la iglesia contra cuyo muro se estampó, Kubica temió perder la mano in situ y decir adiós a su prometedora carrera como piloto.

No fue así: tras varias operaciones, Kubica logró conservar la mano derecha y dos años y medio después volvía a conducir por pistas de tierra a toda velocidad. con discretos resultados, en cualquier caso, pero un piloto al fin del día. Ahora, apura sus opciones de regresar a su hábitat natural, la fórmula 1, camino de 8 años sin aparecer por el paddock. Unos tests celebrados este verano en Hungaroring dieron la mejor de las pruebas de que Kubica podría ser apto para un regreso a la competición si se lo propusiese en serio. Hay que admitirlo: el tipo tiene agallas. No sólo estuvo cerca de perder una mano, sino que protagonizó uno de los accidentes más espeluznantes de la última década en la F1:

El polaco se subió a un Renault y dio 140 vueltas entre la sesión de mañana y la de tarde. Su mejor tiempo (1:18.5) fue el cuarto más rápido, con todos los asteriscos que estos tests acaban recibiendo (neumáticos, condiciones de la pista, combustible, etc). Un buen resultado para un piloto de 32 años que hacía 7 que no se subía a un monoplaza, con unos ajustes completamente nuevos para él, y que además salía del garaje casi dejándose un alerón o una rueda por el camino.

Kubica necesita un coche que ajuste el cambio para su mano izquierda. En principio, es la única variación mecánica que requiere tras la gravedad de las heridas que le dejó de manera permanente el accidente del 2011. El reto físico de la resistencia lo superó bajo los 35 grados de Hungría y durante 170 vueltas. Queda el reto mecánico: la fórmula 1 ha cambiado mucho desde que Kubica se caracterizaba por ser uno de los pilotos más rápidos del Gran Circo. “La última vez que conduje un fórmula 1 el peso mínimo era 620 kilos, ahora tenemos 100 más, eso es una gran diferencia en la pista”, dijo, tras los ensayos en Hungaroring.

Renault medita darle un volante a Kubica la próxima temporada. Algunos creen que incluso podría ser en medio de la presente, dados los discretos resultados de Joylon Palmer, el compañero de Nico Hulkenberg en la escudería del rombo. Sería una gran campaña de márketing para Renault, pero también un intento de humanizar el Mundial de fórmula 1. El regreso de un piloto con serias heridas en una de sus manos daría una dimensión más cercana a una competición demasiada dominada desde las salas de ingeniería en los últimos tiempos.

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