La fórmula 1 tiene un serio problema de producto. No acaba con dar con la clave para relanzar su Mundial, una competición que durante años venía rodeada de un halo mítico que la sobreexposición ha convertido en rutinario. Y, a diferencia de la NBA, por ejemplo, el órgano rector del Mundial de F1 está siendo incapaz de capitalizar el talento de los pilotos para ofrecer un mejor producto televisivo. La F1 se mantiene principalmente con los derechos de televisión, refugiándose en los canales de pago, y estos encuentran cada vez más y más problemas para retener a los abonados con una competición (en el mejor de los casos) entre dos coches.

Es, en definitiva, “realmente deprimente”, como dice el dueño de la escudería Haas. “Quitando los tres primeros equipos, todo el mundo está en el mismo cesto. Eso para mí es probablemente el mayor problema que veo ahora, que los tres primeros están muy por delante del resto. También son los equipos que desarrollan sus propios motores, transmisiones y chasis, por lo que tienen una ventaja inherente. ¿Cómo superar eso? Francamente no hay respuesta, es algo realmente deprimente”, espetó Gene Haas en palabras a motorsport.com.

El Mundial 2017 está siendo emocionante, de hecho. Ferrari ha roto el monopolio de Mercedes y Sebastian Vettel está compitiendo cara a cara (y con grandes posibilidades) para ganar el título a Lewis Hamilton. Pero un vistazo a los podios de las once carreras ya disputadas no puede ser más elocuente para defender la tesis de Haas. Seis de los podios de la temporada son Mercedes / Ferrari, uno y dos, dos y uno. Otros tres podios introducen un Red Bull junto a un Mercedes y otro Ferrari. Hay un podio con dos Ferraris y un Red Bull, y en otro, el más extraño, queda conformado por un Mercedes, un Red Bull y un Williams.

Es decir, dos equipos dominan y hay anécdotas para Red Bull y Williams. El resto queda a años luz de poder oler el champán en la ceremonia de premios. Esto es un problema para el espectador, que se puede aburrir, pero sobre todo para la propia Fórmula 1. A pesar de los tan cacareados cambios técnicos para intentar igualar la competición, el Mundial 2017 apenas ha podido reanimar el interés del aficionado que no es un fanático del motor y que no se perderá una prueba pase lo que pase. Pero con esos seguidores no se sostiene un negocio de miles de millones.

Los datos de audiencia de la fórmula 1 en el Reino Unido apuntan a un nuevo descenso del 7 % en lo que va de temporada, respecto a un 2016 que ya vio un serio retroceso en los ratings. En España, Movistar hizo un dispendio en la F1 que no puede recuperar con publicidad ni abonados, y se vio obligada a ceder derechos a TVE y TV3 para que emitan alguna carrera en abierto. La Fórmula 1 necesita una solución para que la depresión no acabe en ruina.

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