Samuel Sánchez tiene 39 años y apura sus últimas pedaladas en el pelotón profesional. Después de un oro olímpico en Pekín 2008, tres podios en grandes vueltas, un triunfo especial en la Vuelta al País Vasco y victorias de etapas salpicadas por todo el calendario, el ciclista asturiano rubrica un trayectoria estelar (o al menos de élite) con un positivo por hormona de crecimiento. Una noticia que deja una pregunta inevitable en el aficionado al ciclismo, ya hastiado de casos de dopaje: ¿Por qué ahora?

«¿Tengo 39 años, por qué lo iba a hacer ahora?», dijo el propio Samuel Sánchez. Como casi todos los deportistas pillados en un análisis (el del ciclista español se produjo fuera de competición), Samuel Sánchez lo negó y no se explica cómo ha podido ser. La duda que genera el positivo del asturiano es si ha ido escapando todos estos años o si realmente, en el ocaso de su carrera, viéndose perder facultades para mantener el ritmo del pelotón, pecó de pardillo para asegurarse unos últimos éxitos antes de colgar la bici. Sánchez es un superviviente de los años más oscuros. Mirad los 10 primeros de la Vuelta al País Vasco del 2004: Sánchez ha sido el último en dar positivo, todos ya lo eran.

La UCI (que está empezando a detectar casos de hormona del crecimiento hace apenas dos años) ha vuelto a repetir el esquema que reprodujo antes del Giro de Italia (cuando cayeron dos ciclistas italianos por la misma sustancia que Samuel Sánchez) y el Tour de Francia (cuando un compañero de Contador fue suspendido por EPO): mandar un mensaje justo antes de arranar una gran prueba de tres semanas.

Otros también apuntan al equipo de Samuel Sánchez, el BMC. Esta temporada, el club estadounidense ha más que duplicado sus triunfos respecto al 2017, y, dados los precedentes, algunos enarcan la ceja en sospecha. Por si acaso, el BMC no ha esperado al famoso contraanálisis y ha apartado a Samuel Sánchez, haciendo valer su política de tolerancia cero con el dopaje.

Pero para quien realmente supone un reto el caso de dopaje de Samuel Sánchez es para la opinión pública y parte de la prensa. Es otra ocasión para testar el grado de permisividad con este tipo de sucesos, para evitar tener otro caso como Contador, al que no se sabe si idolatrar o condenar en su inminente retirada.

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