Ric Flair estaba listo para morir el pasado 15 de agosto, ante la gravedad de una operación de urgencia que comenzó siendo por unos problemas de corazón, pasó a ser por una crisis de colon y al final fue, al parecer, por una obstrucción intestinal derivada de su abuso del alcohol. En medio de informaciones confusas y alarmantes, Flair se mantiene con vida en un hospital de Atlanta, luchando antes de cumplir los 70 años por evitar la muerte. Un desenlace que parece el guión de esas tramas imposibles del wrestling, a medio camino entre un culebrón mexicano y Juego de Tronos. Ric Flair trata así de evitar un nuevo luto  en el mundo de la lucha libre americana, en una racha imparable en los últimos años que está despoblando el mundo de este espectáculo de sus iconos, de los nombres propios que elevaron el wrestling a un reclamo de primer orden en la televisión de pago. Todos mueren jóvenes, antes de los 70, retorcidos sus conductos al corazón por años de esteroides y los abusos variados que provocaron giras infinitas.

Es alucinante la cantidad de información que existe en internet sobre el wrestling: enciclopedias de personajes y sus diferentes tramas a lo largo de los años, webs de información especializadas, webs de cotilleos alrededor del mundillo… Hay escuelas de wrestling (como el hip hop de la costa Oeste y el del Este), influencias cruzadas, homenajes velados,… Recordad esa especie de código de honor que se veía en la película The Wrestler, pero multiplicadlo por 100. Leed este artículo sobre el legado de Ric Flair como entertainer.

Todo esto se explica por internet, claro, pero la construcción de este universo sería impensable sin la figura de Ric Flair, su pelo rubio platino, su “Whooooo!” tras cada ¿golpe? definitivo, su apodo de The Nature Boy… Fueron 50 años sobre el ring haciendo básicamente de chulo.  Es una pérdida de tiempo hablar de palmarés en este espectáculo: lo realmente trascendente de Flair y lo difícil de explicar al otro lado del Atlántico es que era un símbolo pop.

Ric Flair, originalmente un muchacho de Minnesota llamado Richard Morgan Fliehr, tenía una vida sobre el ring y otra fuera de él. No pagó impuestos en más de una década y lo acabó acusando. A pesar de ser un nombre común en cualquier hogar de Estados Unidos, sufrió serios problemas económicos por sus deudas y por sus cuatro costosos divorcios (ahora tiene una nueva prometida convertida en portavoz de la familia; otro dato que aprendí documentando este artículo es que la media de matrimonios del luchador de éxito es de tres). Era un habitual de las fichas policiales y acabó teniendo que regresar a la WWE (antes WWF) para ganar algo de dinero. Sufrió de problemas de corazón y de alcohol pero eso no le impidió dar multitud de charlas motivacionales a empresas y equipos de distintos deportes.

Su “Whooooo!” con le que rubricaba su presencia acompaña a cada canasta de Chris Paul en la NBA y sigue siendo un meme válido para gente que ya no lo ha visto luchar. Salía a escena en un batín de plumas y bajo las notas de Así hablaba Zaratustra.

En los últimos años, otros grandes mitos del wrestling de los 80 y 90 fueron cayendo frutos de los excesos: murieron Randy Macho Man Savage, Chavo Guerrero, Rody Pipper, Jimmy Snuka, y El Último Guerrero (también me enteré de que nunca se supo a ciencia cierta si el luchador que hacía del Guerrero murió en 1991 y fue sustituido por otro, más bajito y menos cachas; decían que el original había muerto porque su hígado se había hecho papilla, o porque las tiras que tenía en los brazos le fastidiaron todo el riego sanguíneo). También murió recientemente el actor que hacía de mánager del Enterrador, aunque en este último caso el abuso de esteroides era poco probable.

Ric Flair es una figura de un legado que posiblemente sólo se pueda comprender en Estados Unidos. Y otro legado, más físico, es su hija Charlotte, reputada estrella de la WWE. Rubia oxigenada, como su padre, que lucha su única pelea verdadera por mantenerse con vida.

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