Fabio Fognini es un personaje peculiar en el mundo del tenis. Para los expertos, un jugador excepcional con una cabeza repleta de musarañas. Capaz, en su día, de aplastar sin compasión al número 1 del mundo, tal como hizo este año en el Masters 1000 de Roma. Tal vez porque se encontraba en casa, pero aquel día su juego era sencillamente imbatible.

Lamentablemente, estos espectáculos del italiano son más esporádicos a cada año que cumple (cuando debería ser al revés). Lo que nunca deja de ofrecernos son otro tipo de shows, mucho más indeseables que los anteriores. Así ocurrió en primera ronda del US Open.

Fognini podría haber sido noticia por haber caído eliminado a las primeras de cambio frente a su compatriota Stefano Travaglia, ubicado en el número 146 del ranking ATP. En el subtítulo se añadiría que el marido de Flavia Pennetta se comió un humillante rosco en el definitivo set. Pero no. Fognini tenía preparado otro número. Uno que se encuentra entre los mayores bochornos de su carrera.

De poco sirven las disculpas posteriores. El daño ya estaba hecho. Igual que hizo en su día Nick Kyrgios con sus lamentables comentarios dirigidos a Stan Wawrinka. El australiano también perdió en su duelo inaugural ante John Millman, quejándose de molestias en un hombro. Aunque al finalizar, fue sincero: «No me he implicado lo suficiente en este deporte. Como helados y batidos cada día y estoy dejando tirada a mucha gente».

Junto a Fognini y Kyrgios, ya se han despedido de la pista neoyorquina David Ferrer, los franceses Tsonga y Gasquet y Alexander Zverev. Especialmente sorprendente la derrota del alemán, que llegaba como cuarto cabeza de serie y que sucumbió ante Borna Coric.

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