Un asturiano de 26 años se ha empeñado en que haya vida más allá de Rafa Nadal para el tenis español. Es Pablo Carreño Busta, que sin hacer demasiado ruido se ha colocado en los cuartos de final del US Open, igualando la trayectoria que protagonizó este mismo año en Roland Garros. Vive, sin duda, el mejor momento de su carrera.

Esa gente que siempre saca puntilla a todo se lanzará a infravalorar el torneo neoyorquino de Carreño. Su argumento: hasta ahora solo se ha medido a jugadores procedentes de la fase previa: Evan King, Norrie, el veterano Mahut y la joven sensación canadiense, Shapovalov, al que apartó de la carrera de Nueva York por la vía rápida.

Sería una justificación demasiado banal para infravalorar el momento del asturiano, que se merece precisamente lo contrario. Carreño no ha cedido ni un set en los cuatro partidos, manteniendo la calma y la concentración en los tres tie-break frente a su último rival. Y deleitando, además, con puntos estelares.

El próximo escollo se encuentra en una situación bastante similar a la suya. Se trata de Diego Schwartzman, la gran promesa del tenis argentino, y que por el camino se merendó a Marin Cilic, finalista del último Wimbledon. El bonaerense, de 1,70 metros, es actualmente uno de los mejores tenistas del circuito al resto.

Pero Pablo Carreño tiene que creérselo. El tenis español le reclama. Necesita que siga como hasta ahora, creciendo sin presión y escalando posiciones en el ranking ATP. De hecho, alcanzar las semifinales supondría su inclusión en el top diez. “No soy un fuera de serie, me lo he ganado con trabajo”, insistía Pablo tras batir a Shapovalov. Pues que siga así.

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