La NFL no ha comenzado aún, pero el fútbol americano vivió una noche para el recuerdo el pasado domingo, con un partido de la recién arrancada competición universitaria. Si en muchas zonas del país el deporte de los college estadounidenses despierta casi más pasión y seguimiento que el profesional, pocas excusas mejores que la increíble remontada de la universidad de UCLA sobre Texas A&M para sostener esa preferencia ante un público europeo ajeno a esa posibilidad.

Muchos defienden la imprevisibilidad del football universitario, la pasión en las gradas, la emoción en los resultados y la capacidad de los equipos para sobreponerse a patinazos y acabar luchando por los play offs. A diferencia de la NFL, donde los debates son si los Patriots ganarán todos los partidos o si los Jets los perderán todos, y donde partidos increíbles como el que UCLA remontó a Texas son casi imposibles. En realidad, una remontada así, 34 puntos abajo para los californianos con menos de la mitad del tercer cuarto en juego, son casi imposibles en cualquier contexto.

Pero sucedió. UCLA lo tenía todo perdido y de la mano de su quaterback Josh Rosen protagonizó la mayor remontada de la historia de la competición (igualó otra lograda por Michigan State hace una década, ante un rival menor y con más tiempo por delante). UCLA anotó cuatro touchdowns en otros tantos ataques consecutivos, un arreón imparable que dejó dos imágenes para el recuerdo de la NCAAF. Uno, el pase de Rosen hacia Darren Andrews, que dio pie al 44-31 e incendió la remontada. El óvalo iba a ser interceptado por el defensor de Texas Deshawn Capers-Smith, pero la pelota atravesó sus manos (literalmente) y facilitó la anotación-

La otra jugada para la historia de la remontada más salvaje de los últimos tiempos (más incluso que la que le dio a los Patriots la pasada Super Bowl), fue la del touchdown final. Rosen lideraba la carga de UCLA contra las yardas y contra el reloj. Ya cerca de la zona de anotación de Texas, se esperaba que hiciese un spike, es decir, recibir el balón y ponerlo en el suelo al iniciar la jugada para detener el juego y también el reloj, algo que permitiría diseñar el rush final y una jugada en la pizarra. En lugar de eso, Rosen fingió el spike y lanzó el pase hacia Jordan Lasley, que no falló la recepción a 40 segundos del final.

Todo ello, además, sucedió ante un equipo de Texas donde el fútbol americano es religión. Hasta el alérgico a los deportes Sheldon Cooper sabe de football. Así que era fácil de imaginar que la histórica remontada de UCLA celebrada por muchos levantaría ampollas grandes como quemaduras de tercer grado en Texas. Un miembro del órgano de gobierno de Texas A&M pidió públicamente el despido del entrenador Kevin Sumin (que, por cierto, gana 5 millones de dólares como técnico universitario) con un post en Facebook incendiario. Por unos motivos u otros, la remontada de UCLA sobre Texas tardará en ser olvidada.

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