El tópico de la siesta con la Vuelta a España amenazaba con hacerse realidad en más de una ocasión en la edición 2017 de la tercera gran prueba por etapas. Chris Froome vivía un liderato plácido que sólo él con caídas desafortunadas podría alterar. Alberto Contador se esforzaba en ataques que el resto de favoritos no parecían tomarse en serio, más de cara a la galería de una afición que lo jalea en su despedida que con opciones reales de hacer daño. Pero tras dos semanas de tedio y previsibilidad, ocurrió algo en Los Machucos, un muro con rampas de hasta el 28 %. En la húmeda Cantabria, con niebla y lluvia (el panorama que consigue alterar los cálculos biométricos de Froome) por fin la Vuelta a España 2017 encontró motivos para el entretenimiento.

Y ahora se abren las opciones para que ocurra algo en lo que queda de prueba hasta el final del domingo en Madrid. Chris Froome las pasó canutas en la ascensión final, los daños mitigados por el trabajo de Mikel Nieve. Atacó Contador a 5 kilómetros del final y esta vez hizo daño: el pinteño superó al colombiano López, el emergente rey de las ascensiones. Y aunque Alberto Contador se quedó a las puertas de ganar la etapa, reivindicó sus posibilidades de llegar al podio el próximo domingo.

Mientras, la novedad llegó en el grupo de los favoritos. Vincenzo Nibali, señalado desde el inicio como el gran rival de Froome en la Vuelta a España, intuyó los problemas del británico y (por fin) le puso contra las cuerdas. “Para mí es más difícil ganar la Vuelta que el Tour. Mi objetivo de cada temporada es ganar en París, aunque este año me está aguantando más el momento de forma”, se explicó Froome tras el mal trago cántabro. Se esperaba hace tiempo un movimiento serio del Tiburón Nibali, vencedor de las tres vueltas, el único verdaderamente capaz de plantar cara a Froome en la era de la tiranía del Sky. Llegó al final en Los Machucos, uno de esos finales explosivos de la Vuelta a España, fabricados a golpe de contrato turístico, una etapa corta con la excusa de llevar a los corredores al matadero de unas rampas imposibles.

Pero ha funcionado, al menos para revivir la carrera. Ahora queda otra cumbre cuestas tan empinadas que cuestan incluso hacerlas en coche. En el mítico Angliru, con dureza y clima de nuevo húmedo y sin calor, Froome tiene que defender un minuto y 16 segundos respecto a Nibali. Puede que suficiente para ganar su primera Vuelta tras tres segundos puestos. Pero también es una diferencia que permite ver un espectáculo propio de la incertidumbre del resultado. Y eso hasta ahora no lo había,

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